Ciencia, educación y ambiente

Una vida sin violencia

A partir de 1999 el día 25 de noviembre se abre un espacio mundial para la realización de actividades que se orienten a sensibilizar a la sociedad en general sobre el lacerante problema de la violencia que se ejerce, en particular, contra las mujeres

Los mensajes nos remiten a cifras y datos realmente dignos de analizar y preocuparse, partiendo de que la violencia no es situación de una clase social, o de un país en particular sino que se le considera como una pandemia que a nivel global reporta cifras que refieren a un 70% de mujeres que sufren violencia en su vida. Pero ¿cuál es el origen de este mal?

Las consecuencias las conocemos, sabemos que afecta a la salud física y emocional, incrementa la pobreza, la discriminación, que violenta los derechos humanos, la paz, la seguridad, por mencionar algunas, sin embargo las cifras crecen y los hechos violentos se siguen presentando.

La recomendación en muchos sentidos es la prevención pero la carencia de fondos para realizar cambios concretos en la vida de niñas y mujeres lo impide.

Buscando una explicación a la conducta violenta, encontramos que los etólogos mencionan que en los animales el instinto agresivo tiene un carácter de supervivencia. En la obra de Charles Darwin se menciona al instinto por la sobrevivencia como condición natural

A partir del primer momento en que el ser humano utilizó lo que estaba a su alcance para la defensa de su espacio y de su vida, inició conflictos que se deciden mediante confrontaciones entre las sociedades y las personas en donde el principal protagonista es el ejercicio del poder. Los psicoanalistas consideran a la violencia un producto de los mismos hombres y para Ana Freud están amalgamada con las manifestaciones sexuales.

El origen de esta conducta se explica según autores en la desigualdad genérica, esta asignación de roles sociales específicos a las mujeres sumados a su supuesta incapacidad física o intelectual. Situación que desde los griegos hasta nuestros días remite a las capacidades de la mujer a múltiples condiciones.

El carácter innato o adquirido de la violencia humana seguirá siendo motivo de discusión y estudio pero requerimos también sumarnos a la promoción de una cultura por la no violencia que rescate al ser humano y sustituya los agresivos e irracionales instintos por el sereno mandato de la razón y del respeto a nuestros contemporáneos.