Ciencia, educación y ambiente

El prodigioso aire caliente

Son muchas las aspiraciones y deseos, a veces muy irrealizables, que tenemos los seres humanos, queremos trascender de diversas formas, ser inmortales, con una salud y fortaleza física inmejorable, desde luego no envejecer y ser delgados aunque no tengamos una alimentación muy balanceada, y esto sólo por mencionar algunos de ellos, sin embargo en este contexto a quién no se le habrá ocurrido al observar flotar una pluma en el aire o el vuelo de las aves el deseo de transportarnos por el aire, o al menos flotar en este espacio.

Para lograr este fin se requiere ser bastante ligero y los sólidos no reúnen esta condición aunque algunos pueden flotar en el agua, pero la pregunta que seguramente muchos buenos observadores se hicieron fue ¿qué es más ligero que el aire y que pueda flotar en él? Pues la respuesta la encontraron unos hermanos franceses Joseph Michel y Jaques Montgolfier cuándo descubrieron que algo así sólo podía ser algún gas. Y en este caso fue el aire caliente, situación que dedujo uno de los hermanos cuándo observó cómo ascendía el humo al estar encendida la chimenea y se le ocurrió atraparlo en una bolsa de seda, observando entonces como la bolsa se elevaba.

El resto fue experimentar con bolsas más ligeras que terminaron siendo globos de gran tamaño inflados con aire caliente y que lograban elevarse más de un kilómetro. Fue así que en el año de 1783 el rey Luis XVI ordenó una exhibición de éste atractivo fenómeno, el que se realizó incorporando en el cesto del globo a un pato, una oveja y un gallo para constatar si la vida animal podía sobrevivir en las alturas, situación que después de un vuelo de ocho minutos y de recorrer 2 mil 400 metros los animales no mostraron daño alguno.

Después se empezó a construir un globo en donde pudiera viajar un ser humano y así se llegó a utilizar el globo aerostático de múltiples maneras incluso actualmente para investigaciones científicas, para transmisión de información meteorológica, deporte e incluso algunos se utilizaron durante la primera guerra mundial para observaciones militares.

El aire caliente es menos denso que el aire frío y por consiguiente sus moléculas están más separadas lo que les imprime un comportamiento diferente que se pudo entender y aplicar gracias a la observación y experimentación de esos hermanos franceses que con su descubrimiento lograron hacer realidad uno de los deseos de la humanidad, viajar en el aire.