Ciencia, educación y ambiente

Las primeras lecturas

Con las recientes reformas educativas y ante el reto que significa el dinámico mundo globalizado que vivimos, son muchas las actividades que tanto sociedad como escuela tienen que realizar para lograr que nuestros jóvenes estudiantes alcancen muchas de las competencias que el ámbito laboral y social demanda, entre ellas el saber expresarse, el saber trabajar en equipo, el ser capaz de abordar los problemas que enfrente de manera integral, etc. Ante este escenario la innovación educativa es parte de las consideraciones que necesitamos realizar en nuestra actividad cotidiana, ya sea como docentes o padres de familia.

Uno de los retos que enfrentamos es despertar en el estudiante el gusto por el conocimiento, y el placer de la lectura y escritura. Tres elementos asociados a los procesos mentales que a veces nos cuesta trabajo realizar, como es el analizar, sintetizar, comprender etc. Si a este escenario le sumamos que el promedio de libros que leemos los mexicanos es de 2.9 al año, y de estos casi el 60% son textos escolares o asociados a la enseñanza, identificamos que el gusto por la lectura no es precisamente significativo en nuestro país. En una encuesta de Conaculta a la respuesta a los motivos por los que no se lee casi el 70% de los encuestado expresó que por falta de tiempo, mientras que casi el 30% dijo que no le gustaba.

Dicen los expertos que una buena opción para encontrar el gusto por la lectura es empezar desde niños con este hábito, pero no se trata de instruir al niño a que lea antes de dormir o que cumpla los rigurosos veinte minutos diarios que se recomienda sino que volvamos a esa época en la que narrábamos las historias a los niños apoyados en una lectura, el gran valor intelectual, cognitivo y emocional que esta actividad comprende despierta la imaginación del niño y crea los importantes lazos de unión y complicidad con padres y seres queridos. Iniciar esta actividad en la infancia trae además grandes beneficios al menor pues le estimulan su sensibilidad, imaginación y fantasía, aprenden a escuchar, fomentan la empatía con el personaje y de ésta manera pueden desarrollar y fortalecer los valores que le permitan una sana convivencia.

Seguramente el factor tiempo limita esta actividad dirán muchos padres de familia sin embargo se puede al menos con cierta periodicidad en la semana dejar un espacio de 20 minutos para narrar estas historias que fortalecerán los vínculos afectivos y fortalecen la auto estima de los niños.