Ciencia, educación y ambiente

El milagro que logró un acueducto

Es una certeza que sin agua no existe la vida, y así de contundente también conocemos de las múltiples proezas que en beneficio de contar con agua al alcance de nuestra vida cotidiana se han realizado a lo largo de la historia, como lo han sido las monumentales presas, el entubamiento del agua, la extracción de agua del subsuelo y todos estos y otros procesos gracias al avance de la tecnología y de la gran necesidad que tenemos las sociedades humanas de contar con el agua diariamente.

Si bien de acuerdo a la Organización Mundial de la salud cada persona necesita al menos disponer de 50 a 100 litros de agua al día para satisfacer sus necesidades básicas, también es real que muchas personas en el mundo no alcanzan ni el 30% de éste vital líquido.

Está por demás mencionar la cantidad de enfermedades y mala calidad de vida que esta carencia acarrea, seguramente algo así presencio un fraile Franciscano el padre Francisco de Tembleque cuándo llegó a Otumba en el estado de Hidalgo en el año 1545, la falta de agua era una ausencia cotidiana y la poca que se podía conseguir estaba sucia y lodosa, ante esta circunstancia el consideró la posibilidad de traerla de algún lugar cercano el que resultó estar a 40 km de distancia en el cerro del Tecajete, así fue que sin conocimientos de arquitectura ni el necesario recurso económico, se dio a la tarea de conseguir todo lo necesario para lograr construir un acueducto que recorriera esos kilómetros trayendo agua a la región .Se calcula que en la obra gastaron 20 mil pesos de la época, de los que los indígenas pagaron 15 mil pesos las mujeres hacían y vendían mantas y los hombres ponían la mano de obra. Es impresionante apreciar hoy en día la magnífica obra que tiene muros de adobe y que se mezcla con técnicas de construcción prehispánicas, pinturas y glifos en sus paredes. La altura de los arcos es variada pero la mayor arcada alcanza los 39 metros los que junto con 64 arcos más cubren una superficie de mil metros de largo, esta construcción duro 17 años.

Lo milagroso del suceso es que el padre Tembleque haya logrado esta obra sin dinero ni conocimientos de arquitectura sin embargo disponía de una mano de obra muy calificada que fueron los indígenas que lo construyeron y los 300 ó 400 trabajadores de la obra, indígenas todos.

También es famosa la leyenda de un gato pardo que poseía el padre Tembleque y que según Fray Jerónimo de Mendieta le traía conejos y codornices cazados en la noche durante los cinco años que duró la construcción de los arcos de Tepeyahualco.