Ciencia, educación y ambiente

Migrar para sobrevivir

Cuando escuchamos la palabra migración pensamos en personas que buscando mejores oportunidades de vida dejan atrás su lugar de nacimiento, enfrentando múltiples retos. Sin embargo, éste fenómeno también se presenta en muchos de los seres vivos que forman parte de la gran biodiversidad de este planeta y que buscan las mejores condiciones para sobrevivir al clima, encontrar alimento, huir de sus depredadores, reproducirse etc.

Como viajeros que sortean largas distancias, los peligros y retos que enfrentan no son para ignorarse, muchos de ellos recorren cientos de kilómetros cuando pesan hasta menos de un gramo como la mariposa monarca que cubre durante su vuelo migratorio 4500 kilómetros, las aves como los flamencos rosados que disfrutamos en la península de Yucatán se desplazan a distancias de 300 kilómetros para reproducirse. Entre las aves encontramos aproximadamente más de 250 especies que pasan el invierno en lugares cálidos de nuestro país y regresan a Norteamérica para reproducirse.

Una migración espectacular es la realizada por la ballena gris que viaja desde el mar de Bering en Alaska hasta la península de Baja California para que nazcan sus crías regresando a esas frías aguas entre febrero y marzo.

También migran animales que por ser tan pequeños no les prestamos atención como sucede con un tipo de plancton marino que vive en la superficie en la noche y de día baja a 1200 metros de profundidad para ahorrar energía y librarse de los predadores diurnos. Los mamíferos como las cebras y caribús también migran en busca de alimento y agua.

Las tortugas, los elefantes marinos, múltiples aves e insectos todos migran buscando la sobrevivencia. Muchos científicos han dedicado horas de investigación para conocer el origen de las migraciones y la fisiología que se detona en los seres vivos para que este fenómeno suceda, los resultados van perfilando y definiendo su desarrollo, así como la orientación de los migrantes para seguir una ruta determinada año tras año. Se le atribuye a una referencia basada en el sol, en las estrellas, en los factores químicos que generan olores, en la sensibilidad al campo magnético de la tierra entre otros hechos que invitan a las jóvenes generaciones a sumarse a la investigación sobre tantos enigmas que presenta la biodiversidad y que es necesario conocer para proteger a tan valioso recurso que lucha por subsistir.