Ciencia, educación y ambiente

El lago que no valoramos

Muchas son las riquezas naturales que tiene nuestro país, en donde identificamos de manera más frecuente la flora y fauna; sin embargo, existen porque la orografía propicia que tengamos selva, bosque, desierto, entre otros beneficios que propician esta biodiversidad y hace que México se reconozca como uno de los megadiversos del mundo.

Lamentablemente, nuestra cultura ambiental es muy escasa y en muchas ocasiones no conservamos ni conocemos el impacto que tiene en esta flora y fauna el deterioro de los ecosistemas, como manifiesta el incremento de especies en peligro de extinción que asciende a 221 en la NOM 2001; entre ellos destacan peces, aves y mamíferos. Entre estos últimos está el conejo teporingo (Romerolagus diazi) localizado en las laderas de las montañas del sur y sureste del Valle de México y en el Nevado de Toluca.

El motivo de la extinción en mucho radica en la forma de vida que los humanos tenemos y el abuso de los recursos naturales, sobreexplotándolos o modificándolos; quizá diríamos, culturizando el ambiente y transformando este entorno natural en un lugar "habitable".

Algo semejante sucede con los cuerpos de agua, hogar de cientos de especies que desaparecen al contaminarse las aguas o al entubar los ríos. Un claro ejemplo esel ex lago de Texcoco, en donde los cronistas refieren de la conquista la gran cantidad de aves, peces, crustáceos, algas, insectos que en este lugar existían, asombrando a los conquistadores por sus dimensiones y, algo muy particular, por ser un lago salino cuya flora y fauna es abundante y muy específica.

Los informantes de Sahagún incluyen en el libro undécimo de la Historia General de las Cosas de la Nueva España una serie de datos relativos a la diversidad de alimentos que se extraían del lago por los indígenas y se refieren a insectos, peces, gusanos, crustáceos, y al alga que hoy identificamos como spirulina, un alimento del que se ha comprobado la gran cantidad de proteínas que contiene y su alta digestibilidad.

Está ahora el proyecto del aeropuerto que, por lo que hemos escuchado, contará con una superficie lacustre mayor, que permitirá el rescate de la biodiversidad propia de este lago salino cuyo terreno si se deseca totalmente no sirve para vocación agrícola.

Es mejor privilegiar un cuerpo de agua que además de ser regulador, generará oxígeno y mantendrá parte del esplendor que tuvo el complejo lacustre que nos hemos empeñado cientos de años en desecar.

Las opciones para la alimentación del futuro y calidad del aire pueden tener la mejor referencia en la calidad y permanencia de nuestros cuerpos de agua, entre ellos el lago de Texcoco.