Ciencia, educación y ambiente

El gusto por la ciencia

Cuando inician clases los maestros tienen muchas actividades que realizar, además de las cotidianas que implica preparar académica y administrativamente la actividad docente, también orientar su trabajo a los nuevos modelos educativos que permiten que los alumnos promuevan y construyan su propio aprendizaje así como su conocimiento con la guía y orientación del docente. La innovación educativa, la búsqueda de alternativas novedosas de enseñanza, promover la motivación del alumno y despertar en nuestras jóvenes generaciones el gusto por el estudio pero sobre todo el gusto por conocer más del mundo que nos rodea, no es tarea fácil, particularmente si los distractores que niños y jóvenes tienen hoy en día a su alcance les limitan el tiempo de análisis y reflexión sobre los contenidos académicos que reciben en clase.

Esta problemática se hace más enfática cuándo el tema que requiere atenderse está relacionado con la ciencia. Quienes impartimos cursos en estas áreas del conocimiento hemos presenciado diversas reacciones en el alumnado que van desde la idea de que son temas aburridos y complejos hasta que pueden ser interesantes pero es un asunto que atienden los investigadores o expertos en ciertas áreas del conocimiento. Ya ni se diga cuándo los jóvenes están en la etapa de elegir carrera si acaso el 20 por ciento piensan en una relacionada con la ciencia, sin embargo quienes estudian carreras de las que son altamente demandadas cuando egresan, en un alto porcentaje que en muchas ocasiones es mayor al 70 por ciento, de acuerdo a la Encuesta Nacional del Empleo, no se ocupan en las áreas en las que se formaron-

Si pensamos que la ciencia o la tecnología nos es ajena estamos en un error, baste voltear los ojos al espacio en el que nos encontramos para identificar más de un objeto que es producto del trabajo de muchos investigadores y que nos permiten vivir con una mayor calidad, así mismo sucede con los avances en el conocimiento del cuerpo humano, la prevención de enfermedades, la cura de males que hace algunos años era impensable, y que consecuentemente eleva los años de vida de la humanidad. Cabe preguntarse ¿en qué momento vacunamos a las nuevas generaciones contra la ciencia? de donde surgió el terror por la matemática, la química, la biología, la física y todo aquel conocimiento que nos lleva a procesos complejos del pensamiento. Quizá el problema está en que requerimos enseñar a nuestros estudiantes a analizar, a observar, a pensar y cuestionarse sobre los fenómenos de la naturaleza.