Ciencia, educación y ambiente

Un gran descubrimiento


En el marco de los festejos que estas fiestas navideñas promueven poco tiempo ha quedado para revisar otros acontecimientos que se han llevado a cabo en este mes de diciembre en la historia de nuestro país, y que son tan relevantes que merecen nuestra atención.

En ésta revisión se registra que fue justo en el año de 1790 hace 223 años en el mes de agosto y diciembre cuando se realizó un gran descubrimiento mientras se hacían unas obras de nivelación del suelo de la plaza principal de la entonces Plaza Mayor hoy Zócalo de la ciudad de México.

Durante estos trabajos fueron puestas al descubierto dos "piedras" como se les calificó en esa época y que fueron tanto la Coatlicue en agosto como la piedra del Sol o calendario azteca en diciembre del mencionado año Si analizamos que habían pasado apenas un poco más de 260 años de la conquista el descubrimiento de estas "piedras" seguramente despertaron muchas preguntas, inquietudes y temores ya que por una parte su simbolismo podría ser representativo para la comunidad indígena y quizá esto podría significar un riesgo para la estabilidad de la sociedad, por otra parte ante el desconocimiento de su representación y de su importancia se requería la inversión de tiempo y recursos en su estudio y análisis. Ante este escenario a la Coatlicue se le remitió al resguardo de la Real y Pontificia Universidad de México pero poco tiempo después y por petición de los universitarios se le volvió a enterrar.

El calendario Azteca seguramente despertó los mismos temores y preguntas de la sociedad colonial, ante una figura de piedra cuyo simbolismo tampoco se comprendía ni su valor histórico, aunque se cuenta con algunos registros de estudios que fueron realizados por el reconocido científico Antonio de León y Gama quien publicó un ensayo titulado "Descripción histórica y cronológica de las dos piedras que con ocasión del nuevo empedrado que se está formando en la plaza principal de México se hallaron en ella el año de 1790"

Aún con este estudio e interés el calendario azteca se adosó a un costado de la Catedral Metropolitana en donde sufrió las inclemencias del tiempo, y el impacto de basura y fruta podrida que la gente y los soldados le arrojaban como se registra en la narración de los cronistas de la época.

El calendario Azteca nos sigue asombrando y ofreciéndonos múltiples motivos para sentirnos orgullosos de nuestra cultura ancestral motivo suficiente para conocer un poco más de nuestro legado.