Ciencia, educación y ambiente

La fiebre amarilla y los mosquitos

Desde que se descubrió el mundo microscópico, hace ya varios cientos de años, no ha dejado de asombrarnos y a veces también preocuparnos ésta manifestación de la biodiversidad por todos los efectos que los microorganismos que la conforman causan en nuestra vida cotidiana; su influencia se registra en la industria, en los alimentos, en la salud, en el campo y en muchas otras áreas con las que se relacionan estas formas de vida siendo por su alto impacto una referencia para su estudio, control, y manejo.

Este microcosmos, presenta múltiples retos para comprenderlo, en este sentido quizá una de las profesiones del futuro que tengan una relación con el área de la salud y la alimentación considerarán estudios profundos sobre los microrganismos ya que como hemos escuchado recientemente algunas enfermedades aparentemente controladas vuelven a manifestarse y otras toman una presencia importante en las poblaciones humanas.

En referencia a las enfermedades, cabe recordar que el día primero de este mes se conmemora la manifestación pública que hizo el médico cubano Carlos Finlay sobre sus descubrimientos sobre el transmisor de la fiebre amarilla, llamada así por el color amarillento que presentaban quienes la padecían, Esta enfermedad se considera tuvo su origen en África y había sido la causa de importantes epidemias. En América la referencia de una epidemia se registra en el año de 1647 y la forma en que se transmitía era un misterio para los habitantes de las colonias en ésa época.

Es años después cuándo un perseverante investigador del siglo XIX, el Dr. Finlay consideró que necesariamente tenía que existir un agente transmisor de la fiebre entre una persona sana y otra enferma pero como sucede cuando se hace investigación, habría que encontrar la respuesta buscando al medio que sirviera para propagar la enfermedad, seguramente el doctor buscó entre los roedores, los mismos seres humanos, los alimentos y cualquier otra alternativa que considerara podría ser el medio transmisor. Se dice que una noche que se encontraba leyendo y le sobrevolaba un mosquito molestándolo con su zumbido característico, se le ocurrió investigar la posibilidad de transmisión por este insecto. Así fue que identificó al mosquito cuyo nombre científico es Aedes aegypticomo el agente transmisor de la enfermedad, aunado a la precisión de que era la hembra fecundada la que transmitía la fiebre amarilla.