Ciencia, educación y ambiente

La dualidad del flúor

En algún momento de nuestra formación académica nos encontramos en la clase de química con una colorida tabla que con recuadros de colores nos indicaba los diferentes elementos químicos que existen o al menos los que se han descubierto, organizados de acuerdo a sus propiedades y características, incluía su peso atómico, su símbolo en latín y varios detalles más que no siempre entendemos porque la información que recibimos en ocasiones está descontextualizada y en consecuencia nos limitamos a aprender de memoria el contenido de éste material desconociendo que resume múltiples trabajos de investigación, diversos descubrimientos y sobre todo resume los elementos que componen la materia y que hace muchos años se pensaba que éstos eran estrictamente; el agua, la tierra, el fuego y el aire.

Dentro de ésta tabla periódica encontramos un elemento muy común y necesario para nuestra calidad de vida, el flúor.

Este elemento forma parte del mineral fluorita, que tenía diversos usos en la fundición de metales o minerales, los químicos intentaban aislarlo pero era más activo que el oxígeno y el cloro, por lo que era inestable y peligroso.

El ingenio de los perseverantes investigadores y los riesgos que tomaban aún a costa de su seguridad para aislar éste activo elemento, tuvo su recompensa cuando un químico francés Henri Moissan en el año 1886 lo logró, empleando una de la pocas sustancias que no reaccionaba con el flúor y que era el platino.

Así logró obtener un gas amarillo que era el anhelado flúor que en latín significa "fluir" y que se aplicó a diversos procesos. A Moissan se le otorgó el premio Nobel de Química en 1906.

Unos años antes en 1901 un joven dentista Frederick McKay que realizaba su práctica profesional en el pueblo de Colorado Springs en Estados Unidos, se sorprendía por la cantidad de dientes manchados con un color café que tenían los residentes de la población a la que asistía.

Como buen investigador trató de conocer el motivo de esta afección a la que los vecinos le atribuían por comer carne de puerco o leche de mala calidad entre otras explicaciones sin embargo, McKay pensaba que era algo que estaba en el agua, confirmando ésta idea tras casi treinta años de investigación encontrando flúor en el agua que consumían pero lo más relevante es que también confirmó que esos dientes manchados eran resistentes a la caries. Con la confirmación de éste descubrimiento el flúor se aplica para la lucha contra la caries y se incluye en las pastas dentales para nuestro uso cotidiano al igual que en la sal de mesa, entre otros insumos.