Ciencia, educación y ambiente

El arte dental

Que difícil nos resulta a veces acudir a la necesaria revisión con el dentista, ni se diga si esta se realiza a los menores de edad. La reacción natural es una mezcla de miedo al dolor, al ruido del equipo del profesional, o al hecho de que alguien manipule nuestra cavidad bucal. Aunque cabe mencionar que esta conducta no es reciente, ya que se presenta ante la posibilidad de sufrir dolor o incomodidad en una parte tan sensible de nuestra naturaleza.

Cabe mencionar que desde tiempos ancestrales la atención dental no se refería necesariamente de manera exclusiva a cuestiones de salud sino también estéticas rituales o religiosas como muestran algunas piezas dentales con incrustaciones de piedras o trabajadas con ranuras o mutilación para darles formas diferentes y que han sido encontradas en tumbas prehispánicas.

La salud de los dientes se atendió por mucho tiempo por los barberos, o personas que se prestaban a extraer alguna pieza dental o recomendar remedios en caso necesario. De manera formal se encuentran los primeros anuncios de los consultorios dentales a partir del año 1784 en la Gaceta de México como lo menciona la destacada universitaria Clementina Díaz y de Ovando en su obra Odontología y publicidad en la prensa mexicana del siglo XIX, ahí podemos encontrar las noticias que en ésa época daban cuenta de la llegada a nuestro país de dentistas extranjeros, de sus técnicas, y avances, e incluso la importancia que se dio a la educación dental para "la conservación de los adornos más hermosos del rostro y de los órganos más importantes en la digestión"

Se recomendaba lavar los dientes tres veces al día y utilizar enjuagues como "El agua de las Cordilleras". "El agua africana", la "Receta India" etc. Y en caso de dolor había múltiples remedios que pasaban por pócimas, polvos, savias de árboles, aceites pastillas etc.

En todo este escenario uno de los fuertes rivales de los dentistas fueron los barberos y los charlatanes como el Doctor Juan de Meraulyock comúnmente conocido por "Merolico" nombre que actualmente se identifica a promotores de múltiples productos cuasi milagrosos.

Los odontólogos anunciaban sus estudios y conocimientos en los medios de comunicación de la época incluyendo en ésos anuncios las técnicas que utilizaban para anestesiar en los casos de extracción mediante el cloroformo o protóxido de ázoe.

Los costos eran elevados para la mayoría de las personas, considerando los ingresos de la época, pues una dentadura costaba 20 pesos, las coronas de porcelana 5 pesos, y las extracciones sin dolor 1 peso.