Ciencia, educación y ambiente

El agua que viene

Desde que se fundaron las primeras ciudades hace más de seis mil años éstas se ubicaron en donde sus habitantes fueran capaces en primera instancia, de contar con sitios estratégicos que les permitieran defenderse de los invasores y del mismo nivel de importancia que pudieran disponer de agua, por esta razón las ciudades crecieron a las orillas de un río, un lago o una fuente importante de agua.

El agua es fuente de vida en todos los sentidos, de hecho rige nuestra vida, simplemente el cuerpo humano la contiene en un 70% y aproximadamente, la superficie de la tierra está cubierta por aproximadamente un 75%. El agua es un insumo indispensable no solo para el consumo humano sino para el trabajo industrial, ganadero, agrícola, entre otros beneficios y desde luego para la generación del necesario oxígeno que se incorpora al aire que respiramos.

En nuestro país la forma de entender y relacionarnos con el agua tiene antecedentes que son ilustrativos si analizamos la fundación de la Gran Tenochtitlan que se asentó en pleno complejo lacustre lo que llevó a construir islas artificiales para disponer de tierras que permitieran construir espacios tanto para la vivienda como para el cultivo.

Después de la conquista este gran complejo lacustre se sigue desecando hasta llegar a nuestros días en que la explosión demográfica ejerce una enorme presión sobre el suministro de éste indispensable líquido lo que nos lleva a una importante perforación de pozos y al agotamiento de los mantos acuíferos.

Así es que igual que muchos otros insumos necesarios para la vida humana tienen problemas de difícil resolución, el agua también los comparte, destacando el abuso que hacemos de éste vital líquido para depositar entre otras cosas la basura que generamos, los deshechos de las industrias, las descargas de las aguas residuales, por mencionar algunas de ellas.

En breve iniciará la temporada de lluvias y esperemos que las ya reiteradas inundaciones no se presenten con tanta intensidad, pero el escenario no es muy halagüeño cuando escuchamos la condición que guardan los vasos reguladores, que están saturados de basura y que además causa grandes obstrucciones al flujo de agua en las coladeras pluviales de las ciudades donde vivimos.

El agua de lluvia arrastra una gran cantidad de basura que se encuentra en aceras como plásticos, unicel, aceite, comida incluso animales muertos, y ni que decir de los muebles y enseres domésticos que se encuentran en los desagües y ríos.

Ante éste panorama el problema de las inundaciones no es algo lejano ni resuelto en la medida que no contribuyamos todos con nuestro granito de arena no tirando la basura en la calle ni en las coladeras y ríos porque pensemos que si la basura no se ve, ya no existe.