Ciencia, educación y ambiente

Vacaciones cerca de la naturaleza

El calentamiento global, la pérdida de la biodiversidad, la falta de agua en diversos lugares, o el exceso de lluvia en otros, así como varios eventos asociados a la naturaleza nos han preocupado más de lo normal en últimas fechas. En éste contexto cabe hacer conciencia del escaso respeto y conocimiento que tenemos de los recursos naturales y su relación con nuestra calidad de vida.

Sin embargo es claro y compartido el hecho de que cuándo pensamos en periodos vacacionales inmediatamente lo asociamos al disfrute en algún lugar en la playa, los bosques, la selva, con la intención de que además podamos observar la gran biodiversidad que en esos lugares se encuentra. En consecuencia apreciamos tanto lo que observamos en ese momento de nuestras vacaciones que quisiéramos llevarlo a casa como recuerdo del viaje y por la curiosidad e interés que nos despierta. Algunos de estos deseos los satisfacemos con una fotografía o una artesanía, pero en ocasiones y en el caso de los seres vivos, tanto vegetales como animales los queremos como mascotas, y con este fin los llevamos a casa como sucede con la aves, los pequeños mamíferos, algunos insectos, plantas y flores que al retirarlos de su ambiente natural, lo más seguro es que mueran.

Algo así sucedió también hace muchos años con los que ahora llamamos zoológicos y que son tan antiguos que se han encontrado registros en civilizaciones y ciudades como Egipto, Mesopotamia y China en donde los reyes o emperadores mandaron construir lugares especiales para observar y coleccionar ejemplares de animales que no existían en las tierras donde ellos gobernaban. Estos lugares recibían diferentes nombres como "Jardín de la Aclimatación" en Egipto o "Jardín de la inteligencia" en China y su función era mantener a los animales que se capturaban en las diferentes expediciones que se realizaban y desde luego eran sujeto de la exhibición a las clases sociales más altas. Esta costumbre se extendió por toda Europa, siendo en Francia donde se inició lo que fue aparentemente el primer zoológico hace más de 400 años. Aunque no podemos dejar de mencionar que cuando llegaron los españoles a la Gran Tenochtitlan les causó gran sorpresa y curiosidad que el Emperador Moctezuma hubiera dispuesto de un espacio de considerables dimensiones, el que contaba con miradores y más de 1000 personas trabajando en el cuidado y mantenimiento de aves, serpientes, tigres, lobos, y muchas especies de animales que se reproducían y vivían en ese lugar.

Los zoológicos en el tiempo trascendieron la estricta exhibición para ser también un espacio de estudio e interés científico. En la bibliografía podemos encontrar importantes referencias del momento que en los años 70 del siglo pasado se presentó con motivo de las críticas que existían sobre el manejo y condición de vida de los animales en cautiverio, en consecuencia se emitieron normas y reglamentos que orientaron a los zoológicos a la conservación, la educación y la investigación científica, situación que podemos observar en los zoológicos modernos en donde los animales viven en condiciones semejantes a su hábitat natural y donde además del beneficio que brinda al visitante el conocer de manera cercana la biodiversidad, se promueve la conciencia sobre la necesidad del cuidado de la naturaleza al margen de la conservación de especies en peligro de extinción.