Ciencia, educación y ambiente

Masivo rápido y bien hecho

Cuántas veces no hemos escuchado estas peticiones por parte de alguien que demanda un servicio, quizá la solicitud de algo masivo no es tan común pero la rapidez es una condición que el tiempo que vivimos nos impone y lo bien hecho a veces es un deseo que no se cumple. Algo así sucedió hace ya más de 200 años a fines del siglo XVIII cuando creció de manera importante la industria del algodón en Inglaterra, ya que aumentó la población, así como la demanda de mercados externos y las innovaciones tecnológicas orientaron la necesidad de la formación de los trabajadores de ésa época hacia el manejo de las máquinas que existían que ya eran el antecedente de la revolución industrial, y se había logrado fundir el mineral de hierro sin utilizar el carbón y se contaba ya con la máquina de vapor.

A las exigencias de la sociedad de la época que requería para el vestido cantidades importantes de tela, se suman situaciones legales como la exigencia que se tenía en Inglaterra por enterrar a los cadáveres en sudarios de lana.

Así en este escenario los inventos por lograr un hilado más rápido que permitiera elaborar las necesarias telas fue una exigencia que incluso llevó a la Sociedad de Artes en el año 1760 a premiar a quien inventara una máquina de hilar que funcionara, la respuesta no se hizo esperar, y con la base de la antigua rueca se mejoró su diseño e incluso existió una fábrica de hilados que su maquinaria funcionaba con la energía del agua que corría por un río cercano. Una vez que se contaba con el hilo había que promover la infraestructura para elaborar la tela lo que se resolvió con los primeros telares mecánicos movidos por máquinas de vapor.

Ahora había que unir la tela y coserla para la elaboración de ropa y otros insumos, nuevamente como en los casos anteriores la fuerza que se aplicaba para obtener los productos era la del ser humano, muchas mujeres y niños quienes realizaban un trabajo manual de lenta y escasa producción. En este caso también se acudió al ingenio cuándo se mejoraron las máquinas de coser que eran parte del patrimonio de las familias pues normalmente lo trabajaban las mujeres en el hogar o en las fábricas como obreras. Hacia el año 1850 existía una máquina que tenía una lanzadera de movimiento circular lo que para fines prácticos enredaba los hilos y su fuerza de movimiento se generaba por una manivela.

Las primeras máquinas de coser Singer se venden a 100 dólares. Y posteriormente con el descubrimiento de la electricidad se le colocó un motor eléctrico.