Ciencia, educación y ambiente

Genial y humano

Al referirnos a un personaje destacado en el ámbito científico lo imaginamos enfrascado en sus proyectos, con una actitud distante de quienes le rodean y en ocasiones poco comunicativo, quizá hasta malhumorado. Esta conducta la presentan algunos científicos y también muchas personas. Sin embargo un científico es un incansable investigador de problemas de aparente difícil resolución, invierte la mayor parte de su tiempo en averiguar cómo explicarse y explicar a quienes lo rodean los fenómenos que observa y en ocasiones sus resultados no responden exactamente a lo que los demás perciben, lo que en ocasiones le causa grandes problemas.

A este trabajo de gran concentración y empeño decidió dedicarse una persona de quien sus maestros consideraban que era "lento, que reflexionaba demasiado antes de contestar una pregunta, que no aprendía nada de memoria, y por consiguiente nunca llegaría a ningún sitio" Si este alumno, que era Albert Einstein, hubiera creído este diagnóstico no sería el destacado hombre de ciencia que conocemos.

Einstein cuando niño se divertía componiendo himnos religiosos y tenía preferencia por las matemáticas y la física. Su famosa Teoría Especial de la Relatividad la presentó a los 26 años, registrando su famosa ecuación E= mc2 que demostraba la potencia de energía que tiene cualquier materia.

Su mayor ambición era vivir en soledad para pensar y trabajar: Una vez dijo: "Soy feliz porque no necesito nada de nadie. Pero me complacen las demostraciones de aprecio que recibo de mis compañeros de trabajo".

Sus vecinos de nueva Jersey en Estados Unidos mencionaban quellevaba el pelo largo porque no tenía ganas de ir al peluquero, vestía con su típico pantalón cómodo y arrugado, y si no tenía cinturón usaba una corbata vieja. Era bondadoso, noble, amable y con un gran sentido del humor.

Este jovial y amable científico murió a los 76 años de edad dejando un legado de gran importancia para la ciencia. Se quiso averiguar qué características tenía su cerebro para que fuera tan excepcional, practicándose estudios a éste órgano. Pero un buen día el cerebro de Einstein desapareció.

Décadas después un periodista, Steven Levy, lo encontró con el médico que le había hecho la autopsia. Devolviéndolo al hospital de Princenton en donde actualmente se encuentra el cerebro de un hombre genial que rompió muchos esquemas y que trasciende hasta nuestros días.