Analecta de las horas

Somos lo que tiramos

Si somos lo que comemos, con mucha mayor razón somos lo que tiramos. Al final, el balance que puede hacerse de nuestros desechos retrata con absoluta nitidez nuestros hábitos de consumo, y eso incluye nuestras preferencias no solo alimenticias sino también lo que vestimos, así como todo cuanto usamos y necesitamos. La basura delata placeres, pero también enfermedades, adicciones y, por supuesto, obsesiones y, en general, el estilo de vida que hemos construido (y, sobre todo, destruido).

El ejercicio mental lo hemos hecho todos: cuántas latas de esto o aquello podemos reunir en el bote de basura, cuántos kilos de materia orgánica depositamos en él, cuántas cajetillas, botellas o papeles tiramos… Y, claro, cuánto gastamos en todos esos objetos que terminarán siendo residuos. Supongo que en todo esto nos iniciamos inconscientemente en reflexiones de diverso corte filosófico. Ya se sabe que apenas nos preguntamos por el sentido de la vida (que suponemos no puede ser tan absurdo como producir interminablemente desechos), estamos, sabiéndolo o no, penetrando en el terreno de la filosofía.

También un buen día (un Día de Muertos, por ejemplo) damos con una gran verdad: solo dejamos de producir desechos cuando morimos. Es entonces que nosotros somos justamente los desechos (de nuestra vida), pero ya sin poder saberlo.

Reparo en estos asuntos mientras leo el encantamiento gráfico que viven dos paparazis con la basura de los famosos. Estos profesionales de la lente hurgan desde hace 25 años en las bolsas y botes de basura para exponer sus imágenes en diversas galerías de arte. Ahora son de nueva cuenta noticia, porque acaban de ampliar el estudio de este tema al conjunto de la humanidad, y el resultado lo presentan en una muestra y un libro.

Se trata de los reporteros gráficos Pascal Rostain y Bruno Mouron, autores del libro Autopsie (Autopsia), que es toda una retrospectiva de su obra. El cable que informa de ello cuenta cómo surgió su idea, que ahora se ha materializado en una exposición que será presentada hasta el cinco de noviembre en la Opera Gallery de París, y que lleva por título Dime lo que tiras y te diré quien eres.

Todo comenzó hace más de dos décadas, relata Rostain, cuando ante la casa del cantante francés Serge Gainsbourg decidieron llevarse la basura del artista, antes de vaciar el contenido sobre terciopelo negro y sacarle una foto.

“Allí estaba resumida la vida cotidiana del artista, con todo lo previsible: alcohol, paquetes de cigarrillos Gitanes... Los paparazis decidieron repetir la idea con otros famosos, y terminaron haciéndolo en el mundo entero”.

Y en eso de tirar basura casi todos somos iguales: una parte significativa del carrito del supermercado acaba invariablemente en la montaña de basura que cada tantos días nos acompaña. Por supuesto, la basura de los ricos y famosos es inconfundible: su selecta latería, los restos de finos puros o las botellas de vinos caros siempre los evidencian.

De la muestra de estos dos fotógrafos me llama la atención la basura del ya difunto Ronald Reagan, alguna vez actor y presidente de Estados Unidos. Una reseña de sus desechos (recolectados a finales del primer trimestre de 1990 en la exclusiva zona de Bel-Air, en Los Ángeles, donde vivía) dice en primer lugar que era un “adicto al chocolate”.

“Entre los desperdicios —dice la nota— también figura una lata de pastel de calabaza, quizá procedentes del 79 cumpleaños de Reagan, celebrado el seis de febrero de ese mismo año, que coincide con otros sospechosos desechos: ¿de quién serán el sujetador y las medias?”.

Como buen ex presidente, muchos de sus hábitos son representativos de su país. Así que “para calmar los ánimos y combatir los excesos de chocolate, los Reagan seguramente tuvieron que echar mano de Konsyl-D, un laxante habitual en las farmacias. A lo mejor apostaron por métodos más básicos, como la ingestión masiva de refrescos, un total de 11 latas —ocho de Coca-Cola— y cerveza (una caja de Heineken y tres botellas de Corona Extra). Lo que preocupa es su afición a la Diet Coke, una bebida muy popular; en Estados Unidos se consumen casi cuatro mil millones de litros al año”. Pero, como decíamos, nuestros paparazis convertidos en auténticos documentalistas de las formas de vida de algunos famosos, de pronto sintieron la necesidad de ver hacia otras partes, y así decidieron captar y sistematizar infinidad de imágenes de la basura que seres anónimos tiran en todo el mundo (ellos se ocupan de unos 20 países). Tenían para hacerlo un dato por demás alentador: el hombre produce anualmente unas cuatro mil millones de toneladas de residuos.

Trato de pensar en esa cifra (y sobre todo sus aplastantes dimensiones) mientras diviso en la cocina de la casa mi pequeña contribución a la misma. Y vuelvo a concluir: somos lo que tiramos.