Analecta de las horas

El tiempo de Hawking

Cada época tiene sus héroes científicos. Algunos son para todos los tiempos, a pesar de que en el suyo fueron perseguidos o condenados por decir cosas como que la Tierra gira alrededor del Sol o poner en duda la existencia de un Creador. Otros nunca fueron ni serán tan famosos, pero siempre, en cualquier momento, son recordados por sus hallazgos o la formulación de un problema que planteó nuevos horizontes para la ciencia (lo cual no es poco).

Einstein representa, como leyenda y realidad, el genio científico moderno, pero también al hombre que en su momento supo decir cosas importantes en otros terrenos, siempre imbuido de humanismo y sensatez frente a los problemas del mundo. A él le siguieron otros de pelo menos alborotado y algunos más que combinaron su trabajo como investigadores con el de la divulgación científica.

Aunque esto último no es raro (muchos científicos buscan hacerse entender al explicar la realidad, aunque normalmente no son escuchados), es evidente que los medios de comunicación hicieron de personajes como Carl Sagan  y, posteriormente,  Stephen Hawking, científicos con una enorme popularidad. Su obra y proyección es indudablemente mayor que la de cualquier Premio Nobel de Física
de los últimos 50 años. Sus libros (Cosmos, de Sagan, e Historia del tiempo, de Hawking) se han convertido en auténticos best sellers que ya varias generaciones han disfrutado.

Cosmos, además de libro, fue llevado a la televisión de manera muy exitosa por el propio autor; la suya fue una serie que hizo época en la desaventajada televisión cultural, y prueba de ello es que, pasados muchos años desde su transmisión, alguien pensó que merecía una actualización bajo la guía de uno de sus discípulos. Esa serie se estrenó hace unos meses y resultó también muy exitosa.

Por su parte, Historia del tiempo ha vendido más de 5 millones de ejemplares y recientemente ha publicado una secuela para públicos más amplios que recibe el nombre de Breve historia del tiempo. Un compañero del lector, y que recientemente ha aparecido en español bajo el sello de Crítica. Es un libro que viene a ser como la presentación editorial del documental Historia del tiempo, que fue también muy visto.

Luego tenemos la autobiografía de Hawking, Breve historia de mi vida, que la misma editorial ha puesto en circulación simultáneamente.

Tengo ante mí las dos obras y las encuentro, a pesar de su grata y sencilla lectura, sumamente ricas y profundas, sabias y estimulantes, como lo tienen que ser siempre los  grandes libros. Por eso confirmo mi convicción de que no por ser enunciado de forma simple, lo complejo deja de serlo. Y a eso debe atenerse todo lector de estos libros que nos muestran, por un lado, la estructura elemental de la mayor obra de divulgación de Hawking y, por otro, su vida misma,  repleta de grandes enseñanzas e inspiración.

Todo lo que nos puede hartar de los libros de ciencia, su innecesario aparato matemático o la saturada y oscura explicación de los asuntos que aborda, está ausente de Breve historia del tiempo.  De igual forma, todo  cuanto pueden tener las memorias de autocomplacientes y exageradas, sencillamente no está presente en Breve historia de mi vida. Stephen Hawking merecerá con ambas obras ser de nuevo el autor más vendido en los próximos años.

En los dos libros nos encontramos con el autor y sus investigaciones, y en ambas nos acercamos a su genialidad a través de los testimonios de numerosos amigos y colegas (en Breve historia del tiempo) y de la reconstrucción que él mismo ha hecho de su trayectoria científica y personal (en Breve historia de mi vida).

Pese a todas las limitaciones que le ha impuesto la enfermedad neuromotora que padece, nos encontramos frente a un hombre que decidió luchar por hacer una vida del mejor modo posible. El conocimiento y la lucidez también pueden ser formas de la felicidad, y eso está presente en cada una de las páginas de estos libros.

En Breve historia del tiempo, Hawking dice:

“La mayoría de la gente ha llegado a creer que Dios permite que el Universo evolucione de acuerdo con un conjunto de leyes y que no interviene para que el Universo rompa estas leyes. Sin embargo, todavía dependería de Dios montar la maquinaria y escoger cómo ponerla en marcha. En la medida en que el universo tenga un principio podemos suponer que tuvo un Creador. Pero si el Universo es completamente autónomo, ¿qué lugar ocupa entonces un Creador?”.

Su búsqueda del tiempo, de sus orígenes y presumible destino, es una de las aventuras intelectuales más ambiciosas y fascinantes que podamos imaginar. Hawking la ha vivido plenamente:

“He tenido —escribe al final de su autobiografía— una vida completa y satisfactoria. Creo que los discapacitados deberían concentrarse en las cosas que su discapacidad no les impide hacer y no lamentarse por las que no pueden hacer […] Mi primer trabajo demostraba que la relatividad clásica en general no funcionaba en las singularidades, en el Big Bang y los agujeros negros. Mi trabajo posterior ha demostrado que la teoría cuántica puede predecir lo que ocurre al principio y al final del tiempo. Me la he pasado en grande…”.

Yo no tengo duda.

 

ariel2001@prodigy.net.mx