Analecta de las horas

Una semana particular

Ganar la palabra, o no perderla: he ahí lo que nos puede salvar aun en medio de la soledad más atroz; eso es lo que también concluyen, sabiéndolo o no, los personajes de 'Una jornada particular', la inolvidable película de Scola.

La semana termina eclipsada por las secuelas de la vida social (y acaso algo más) del Chapo con diputadas y actrices, la recaída del peso frente al dólar acompañada de un descenso adicional del precio del petróleo y diversos asuntos propios de la picaresca política nacional (por ejemplo, un deprimente PRD mendigando alianzas con el PAN).

En la zona cultural, dos pérdidas irreparables: Michel Tournier y Ettore Scola. En el territorio de las ciencias, la amenazante propagación de una nueva enfermedad, zika, y el probable cuanto sorprendente hallazgo del Planeta Nueve.

Visto el conjunto de hechos, me parece útil que privilegiemos algunos temas por encima de toda la banalidad mediática. Porque si vamos a seguir todo el culebrón del Chapokate vamos a perder de vista que la "misión cumplida" del gobierno federal no es tal, y que como siempre sucede en estos casos el descabezamiento de un grupo delictivo no supone ni remotamente que el negocio de las drogas y la criminalidad que lo rodea se vengan abajo. Finalmente, por mucha importancia que le atribuyamos al Chapo, su negocio lo excede por completo. Él no es más que la personificación transitoria (desechable y sustituible, además) de un poder que proviene de la enorme demanda de drogas y de su prohibición. Y mientras hacemos nuestro el papel de aplicada nación que combate el narcotráfico, éste simplemente sobrevive llevándose miles de almas por delante.

Entre tanto, un nefasto mosquito demuestra su poderío infeccioso. Se trata de un regalo más de África al mundo, acaso en revancha no planeada por los siglos de explotación, saqueo y humillación. Se llama zika y lo transmite el mismo bicho que ya ha nos ha aterrorizado antes con el dengue: el mosquito aedes aegypti.

El virus del zika ya está poniendo a países como Colombia y Brasil en alerta, y no quiero pensar lo que será México cuando pase el invierno, y menos aún cuando lleguen las lluvias. Si nuestra imaginación vuela, los escenarios se tornan siempre apocalípticos; pero lo cierto es que estamos acumulando tal número de epidemias y males en el mundo que nunca es del todo descabellado suponer el colapso de nuestra especie.

Con la semana también se fueron dos artistas: un gran novelista y un extraordinario cineasta: Michel Tournier y Ettore Scola.

Tournier nos deja soñando (en Viernes o los limbos del Pacífico) con Robinson y la posibilidad de construir una embarcación para salir de una isla y nombrarla, cómo no, Evasión. Nosotros solo podemos pensar en nuestra isla global, con todo y sus redes sociales; con toda su prepotencia tecnológica incapaz de conectarnos realmente. Inmensa, pero isla al fin y al cabo.

Tournier nos lega esa maravillosa reescritura de la obra de Defoe, presentándonos un Crusoe capaz de razonar, en su soledad, sobre la condición esencial del ser humano: "Sé ahora que cada hombre lleva consigo —y como sobre él— un frágil y complejo andamiaje de costumbres, respuestas, reflejos, mecanismos, preocupaciones, sueños e implicaciones que se ha formado y continúa transformándose por los contactos perpetuos con sus semejantes. Privada de savia, esta delicada eflorescencia se marchita y se disgrega... El prójimo: pieza maestra de mi universo... Mido cada día lo que yo le debía, registrando nuevas fisuras en mi edificio personal. Sé el riesgo que correría si perdiera el uso de la palabra y combato con todo el ardor de mi angustia esta suprema decadencia".

Ganar la palabra. O no perderla. He ahí lo que nos puede salvar aun en medio de la soledad más atroz. Y eso es lo que también concluyen, sabiéndolo o no, los personajes de Una jornada particular, la inolvidable película de Scola que plantea el encuentro de dos solitarios en un edificio de la Italia fascista de los años treinta. Hitler visita Roma y los únicos que no quedan atrapados en la unanimidad fascista que lleva a todos a la calle a vitorear al Duce y al Führer son una ama de casa, Antonietta (que acaba de despedir a su esposo e hijos para que acudan a la celebración), y Gabriele, un locutor homosexual que acaban de despedir de la radio estatal.

Scola supo retratar, a través de estos personajes, cómo se proyectaba la sombra del totalitarismo en la vida cotidiana. Todo lo que nos hace seres humanos se queda en ese edificio de la película de Scola, al margen de las marchas y coros fascistas, de la aplastante mayoría entregada a la fascinación por sus líderes que los llevarían al matadero y la destrucción.

Y para completar, la semana particolare nos trae la idea nada despreciable de que los planetas de nuestro sistema solar no han estado solos, que quizás haya otro, el noveno, del tamaño de Neptuno (es decir, 10 veces del tamaño de la Tierra) que tarda 15 mil años en dar una vuelta al Sol. De ahí que nadie lo haya observado. Sería grandioso que estuviera por ahí, dentro de miles de años, cuando seguramente la memoria de la humanidad (de haberla) haya olvidado ya todas nuestras enfermedades, miserias y soledades.

ariel2001@prodigy.net.mx