Analecta de las horas

Las listas: un vértigo sin remedio

Lo que me alegra es que los catálogos de mejores libros publicados por diarios y revistas no tienen mucho en común; quiere decir que los criterios de selección del periodismo cultural distan mucho de ser uniformes.


Si las listas en general provocan vértigo —como plantea un imperdible título de Umberto Eco—, las dedicadas a seleccionar libros (del año o para cualquier ocasión) pueden suscitar arduas polémicas, enconos interminables y hasta vendettas de muy diversa laya.

Porque los listados que fascinan a Eco en la obra que menciono (El vértigo de las listas, editado por Lumen) tienen básicamente que ver con las enumeraciones electivas de escritores y artistas, o las (ordenadas) curiosidades que figuran en el universo literario (como el listado almacenado en un cajón de la cocina por Leopold Bloom en el Ulises). Pero los libros que se seleccionan año con año en distintas publicaciones por la crítica “especializada” o la crítica “de a pie”, de la que participamos todos los lectores por el solo hecho de serlo, suelen sacar ronchas o dejar con mal sabor de boca a muchos.

Para curarme en salud, al presentar la modesta selección de 15 libros que he venido preparando para el programa de televisión de Carlos Puig, al finalizar 2013 subrayé, como siempre, “que no se trata más que de una lista personal, por ende arbitraria y plagada de los sesgos del tipo de lector que soy. Léase así. Y no más. No todo cabe en 15 opciones, pero lo que sí defiendo es que se trata de una panorámica interesante independientemente de mí, porque todos los títulos elegidos han tenido y tienen un soporte crítico serio”. Y este, debí añadir, supera en calidad y número mis comentarios favorables.

Así, por ejemplo, si digo que La trama nupcial, de Jeffrey Eugenides, vale la pena, les aseguro que no estoy sino procesando y haciendo mía una valoración que muchos otros, con mayor rigor y talante crítico, han presentado antes en suplementos, revistas y publicaciones literarias.

No obstante, nadie debería sorprenderse de que en mis 15 libros seleccionados no se encuentren best sellers, ni el libro del que supuestamente “todo mundo habla”. A nadie tampoco debe impresionar que mi listado no tenga las propuestas hechas por la publicidad a planas enteras, que algunas grandes editoriales hacen para promover sus productos y presentarlos como “lecturas indispensables” (a pesar de que cualquier lector con un mínimo de gusto y formación puede descubrirlas repletas de tonterías o lugares comunes).

Ahora bien, lo que a mí me alegra y llama la atención es que las listas publicadas por distintos diarios y revistas no tienen mucho en común. Hablo desde luego del mundo iberoamericano. Esa es una buena noticia, porque quiere decir que, por muy grandes y poderosos que sean hoy algunos grupos editoriales, los criterios de selección del periodismo cultural distan mucho de ser uniformes, lo cual es alentador.

Por lo demás, no podríamos esperar otra cosa de un vastísimo paisaje editorial que solo en México (y eso que no hay lectores) suma decenas o cientos de títulos que pueden ser perfectamente recomendables.

Admitido esto, es una pérdida de tiempo —o un juego alevoso, como se quiera ver— emprender el ninguneo terco y resentido de algunos listados que se publicaron los últimos días del 2013. A mí todos me parecen válidos e incluso sustentados, aunque no concuerde con ellos parcial o totalmente. La razón que esgrimo es que son un referente que dice algo sobre el estado de cosas que rodea la producción editorial en la región, la situación de la lectura y la misma crítica.

La gran virtud del más pedestre de los listados publicados es que nos puede hacer pensar, así sea por contraste, en lo que debemos leer sin duda y en aquello que debemos mirar con recelo o de plano ignorar. Por eso me encanta que los críticos españoles agrupados en El País definan que el libro del año es En la orilla, de Rafael Chirbes, y, por otro lado, sus lectores digan que el gran texto del mismo periodo es La verdadsobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker.

Claro, en el diario español la democracia es tanta que no solo hay listas para todos los gustos, sino que todas son por votación. Y no es raro entonces que un candidato como Dicker, joven autor de una novela presentada como lo más deslumbrante de la temporada a través de una campaña publicitaria que ya quisieran algunos políticos, obtenga el favor de los lectores de El País. Allá ellos.

Pero hay que señalar que los críticos y periodistas responsables del listado de los mejores 20 libros del año en El País consiguen sacarse la espina no incluyendo a Dicker en su selección. Por algo será.

Si tuviera que hacer mi lista de nuevo, creo que la haría más o menos igual; pero conociendo ahora el listado de influyentes diarios como El País, ABC o Clarín se me ocurre que un acto de justicia es hacer algunas apostillas para reconocer y destacar algunos otros títulos (incluidos en los listados de estos medios) que son sumamente recomendables.

Por supuesto, el más votado por los críticos de El País, En la orilla, de Rafael Chirbes (Anagrama); Limónov, de Emmanuel Carrere (Anagrama); Años luz, de James Salter (Salamandra); Lumbre, de Hernán Ronsino (Eterna Cadencia); El camino de Ida, de Ricardo Piglia (Anagrama), y Coral Glynn, de Peter Cameron (Libros del Asteroide).

¿Hay más? Claro que sí. ¿Quedarán satisfechos los que están buscando la lista incuestionable (la que tiene sus títulos favoritos)? Desde luego que no. Pero qué se le va a hacer. Las listas son un vértigo sin remedio.

ariel2001@prodigy.net.mx