Analecta de las horas

Los enredos de 'Lucifer'

La farsa de autores o creadores “perseguidos”, “censurados” o “amenazados” es sumamente deplorable y dañina en todo el mundo, sobre todo porque impide que aquellos que realmente lo son reciban la atención necesaria.

Hace unos días las redes sociales —que acogen lo mismo cosas ciertas y valiosas, que otras falsas o abiertamente especulativas— se entretuvieron bastante con la supuesta cancelación del estreno de la película Lucifer, del director belga Gust van der Berghe. La cosa comenzó cuando la directora del Festival Distrital, Paula Astorga, ex directora de la Cineteca Nacional, contó que habían cuestionado, "de modo casual", al actual director de la institución, Alejandro Pelayo, y a los responsables de la programación sobre esa decisión. Astorga dice que la respuesta que les dieron fue que la gente en México no está lista o educada para ver una película como esa.

El cineasta belga hizo otro tanto en su cuenta de Facebook, y junto con la "indignación" de Astorga, convirtieron su versión de las cosas en un fenómeno viral en las redes sociales. De inmediato otros muchos indignados salieron al campo de batalla a rasgarse las vestiduras, a cuestionar, lamentar, exigir y maldecir por esa torpe, nefasta, incomprensible (fue el calificativo más liviano que se utilizó) decisión de las autoridades de la Cineteca. Por supuesto, un sinnúmero de seudoperiodistas aprovecharon "la nota" para comentar y difundir aún más lo que nadie se tomó la molestia de confirmar desde un principio.

Por fin (también hay que decir que tarde o de modo muy timorato) las autoridades, por boca del propio Pelayo, salieron a desmentir este infundio. El hecho es que ayer la película pudo ser estrenada en la Cineteca; y, lo que es más, fue acompañada de otras dos cintas que forman parte de la trilogía realizada por el tal Gust van der Berghe.

No obstante que el asunto se aclaró satisfactoriamente, en las redes prosperó la versión de que el estreno sería posible gracias a la presión, cómo no, de los tuiteros, facebookeros y demás buenos ciudadanos que se dedicaron durante horas a multiplicar la reacción social frente a la atrocidad que se iba a cometer. Así, gracias a ellos, a su tesón y valentía para enfrentar la censura en nuestro país, hoy podemos ir a la Cineteca para ver la cinta en cuestión y celebrar de esa forma una victoria contra los más oscuros intereses que la querían dejar fuera de la programación. Y otra cosa que no dejó de inundar las redes es que hay que ir a verla porque así también apoyamos un tipo de cine para el que, desde luego, estamos preparados los mexicanos...

Si la intención era poner a esta película en el centro de un falso escenario de censura para despertar interés en ella, el objetivo ha sido logrado. Pero ¿es válido insertar de este modo en la agenda cultural una película que de otro modo no hubiera despertado mayores expectativas? Yo creo que no se vale victimizar deliberadamente una cinta, un libro o cualquier otro producto para llamar la atención sobre él "ingeniosa" pero irresponsablemente. La farsa de autores o creadores "perseguidos", "censurados" o "amenazados" es sumamente deplorable y dañina en todo el mundo, sobre todo porque impide que aquellos que realmente lo son reciban la atención necesaria.

Por lo demás, quienes actúan con esas banderas impostadas tarde o temprano son identificados por el público que, efectivamente, idiota no es. Esto se podrá observar entre los que vean Lucifer y no encuentren por ningún lado algo que pudiera haber significado un motivo para cuestionar su proyección en la Cineteca. Solo espero (por el joven director belga) que no la juzguen un churro disfrazado de "cine culto" o de "arte".

Por lo pronto, la presentación pública de esta película termina, como tantos otros enredos de la redes, en un brumoso "nadie sabe, nadie supo", mediante el cual los fabricantes de infundios eluden toda responsabilidad y se preparan simplemente para participar del nuevo linchamiento o mentira viral, mediante la cual mostrarán al mundo toda su corrección política e indignación. ¿Qué sería del mundo sin ellos? No quiero imaginarlo. ¿Quién defendería, por ejemplo, a Kate del Castillo de la infamia gubernamental? ¿Quién se encargaría de perseguir y descalificar las opiniones y, sobre todo, la información dura que contradice la corrección política viral? Quiera Dios que nunca nos falten.

ariel2001@prodigy.net.mx