Analecta de las horas

El esperpento

Hoy más que nunca sobran los datos y hechos con los cuales ejemplificar lo que es un esperpento. Venimos de las fiestas del Día de Muertos y de su extraño batiburrillo en donde la tradición mexicana y el Halloween se solapan ya de la forma más complaciente, como para no saber lo que resulta grotesco o estrafalario. Y estamos, además, de cara a las elecciones en Estados Unidos, donde un tal Donald Trump personifica cuanto podamos decir en torno de lo esperpéntico.

Sin embargo, lo que ya no tenemos muy presente, sobre todo en México, es que gracias a Ramón del Valle-Inclán el esperpento es también un género literario en el que, según la Real Academia Española de la Lengua, “se deforma sistemáticamente la realidad, recargando sus rasgos grotescos y absurdos (…) para ello se dignifica artísticamente un lenguaje coloquial y desgarrado, en el que abundan expresiones cínicas y jergales”.

(Por cierto: se acaban de cumplir los 150 años del nacimiento de Ramón María del Valle-Inclán, uno de los más grandes escritores españoles del siglo XX a pesar quizás de sí mismo, de su abrumadora extravagancia que él quiso poner siempre como su principal carta de presentación).

Don Ramón pensó en el esperpento extrayéndolo del lenguaje cotidiano para dar cuenta de la sociedad española; obviamente, el término jamás pudo ceñirse al acontecer de la península ibérica y hoy sigue siendo absolutamente universal. Al venir de la generación del 98, Del Valle-Inclán podría haberse burlado de los jóvenes modernistas parafraseando a Darío: “Quién que es no es un esperpento…”. (En “La canción de los pinos” Darío escribió: “Románticos somos… ¿Quién que Es, no es romántico?/ Aquel que no sienta ni amor ni dolor,/ aquel que no sepa de beso y de cántico,/ que se ahorque de un pino; será lo mejor…”).

Luces de bohemia, una pieza insignia de su obra como dramaturgo, lleva precisamente como subtítulo Esperpento, y quizás en buena medida el uso de esta expresión le granjeó muchos espectadores curiosos de saber en qué radicaba lo esperpéntico de la obra. Y como tal no había nada. El mismo protagonista de Luces de Bohemia, el malogrado poeta Max Estrella, se encarga de aclarar el tema en una charla con el cínico Don Latino de Hispalis:

“MAX: Los ultraístas son unos farsantes. El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.

DON LATINO: ¡Estás completamente curda!

MAX: Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.

DON LATINO: ¡Miau! ¡Te estás contagiando!

MAX: España es una deformación grotesca de la civilización europea.

DON LATINO: ¡Pudiera! Yo me inhibo.

MAX: Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.

DON LATINO: Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle del Gato.

MAX: Y a mí. La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta, Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas.

DON LATINO: ¿Y dónde está el espejo?

MAX: En el fondo del vaso”.

Así que más (o menos) que género literario, el esperpento es una forma de ver las cosas del mundo, un cristal a través del cual podemos entender sus deformaciones, previamente extremándolas. Y don Ramón lo hizo con su propia vida, llena de leyendas y mitos que él mismo alimentaba para ser consecuente con su extravagancia natural.

Pero quizás lo esperpéntico como visión literaria comenzó a ser vislumbrado por Valle-Inclán no en España sino en México, a donde llegó el 8 de abril de 1892 a bordo del trasatlántico francés Le Havre. Aquí, en pleno Porfiriato, publica artículos, hace traducciones y protagoniza algunos incidentes dignos de su polémica personalidad (entre otros, algunas sonadas peleas). Pero lo más importante: en nuestro país define plenamente su vocación de escritor.

Luego viajará a Cuba y en 1921 volverá a México para seguir recogiendo acaso las anécdotas políticas (en realidad esperpentos ) que, junto con las de la región latinoamericana, no podían dar forma a otra cosa que su Tirano Banderas.

Urge recordar y leer al gran Ramón del Valle-Inclán, creador del esperpento, por increíble y extraño que pueda resultarle a nuestros políticos.

ariel2001@prodigy.net.mx