Analecta de las horas

Un día especial

¿Hay un instrumento más generoso que el libro para encontrar la racionalidad que el mundo considera locura? ¿No son las bibliotecas las mejores antesalas de las más grandes quijotadas?

Mi padre, que algo sabía de eso, fue quien por primera vez me habló de lo que era una quijotada. Se entiende que es una acción propia de un quijote y así lo consigna la Real Academia, que también explica en otra entrada lo que es un quijote (en alusión al Quijote de Cervantes): “Hombre que antepone sus ideales a su conveniencia y obra desinteresada y comprometidamente en defensa de causas que considera justas, sin conseguirlo”. Eso en cuanto a su definición moral. Físicamente, es un “hombre alto, flaco y grave, cuyo aspecto y carácter hacen recordar al héroe cervantino”.

Como se ve, no hay muchos quijotes en el mundo y sí, en cambio, muchos gigantes (molinos de viento), ejércitos (rebaños de ovejas) y galeotes capaces de apedrear a su liberador. Pero gracias a aquellos que se plantan ante la injusticia y que dicen, como el Quijote, “aquí encaja la ejecución de mi oficio: desfacer fuerzas y socorrer y acudir a los miserables”, es que el mundo gira todavía con alguna dignidad.

Pienso en ello a partir de la ceremonia de recepción del premio Cervantes que nos ha regalado el escritor Juan Goytisolo. Su quijotada tiene el enorme aliento de la más lúcida indignación:

“Volver a Cervantes y asumir la locura de su personaje como una forma superior de cordura: tal es la lección del Quijote. Al hacerlo no nos evadimos de la realidad inicua que nos rodea. Asentamos al revés los pies en ella. Digamos bien alto que podemos. Los contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia”.

Las palabras del autor español resonaron fuerte no solo por el premio con el que se lo honró, sino por tener como marco el Día Mundial del Libro. ¿Hay un instrumento más generoso que el libro para encontrar la racionalidad que el mundo considera locura? ¿No son las bibliotecas las mejores antesalas de las más grandes quijotadas?

Otras cosas interesantes ocurrieron ese jueves. Por supuesto, en todas partes se organizaron lecturas, se escogieron héroes literarios qué ensalzar y obras qué evocar. Como se sabe, el Día Internacional del Libro se celebra el 23 de abril porque en esa fecha coinciden el fallecimiento de Miguel de Cervantes (que en realidad murió el 22, pero fue enterrado el 23) y de William Shakespeare (aunque también en esta fecha murieron Garcilaso de la Vega, Wordsworth y Josep Pla). Un buen día, pues, para recordar y exaltar las letras universales y su vehículo fundamental: el libro.

Por eso a Shakespeare lo están “haciendo” neoyorkino a través de The Sonnet Project, una aplicación móvil en la que los 154 sonetos del poeta y dramaturgo son recitados por actores en los lugares más emblemáticos de la Gran Manzana. Esto es apenas un anticipo de los festejos que se avecinan con motivo de los 400 años de la muerte del autor de Hamlet, que se celebrará el próximo año. El director artístico de The Sonnet Project, Ross Williams, dice que la poesía de Shakespeare sigue siendo actual en la medida de “experiencias universales” como el amor, los celos o la traición.

“Shakespeare —dice Ross— forma parte de mi mundo, de tu mundo y del mundo de cada una de las personas (...) Si podemos hacer que este lenguaje sea relevante y contemporáneo, todo el mundo puede tener el tipo de experiencia que yo he tenido y que tantos otros han tenido durante diversas generaciones”.

Un ejemplo de lo que este proyecto realiza es la lectura que hace un actor del trigésimo soneto frente a la esfera, situada ahora en el Battery Park, que antes estaba a los pies de las Torres Gemelas: “Cuando en sesiones dulces y calladas hago comparecer los recuerdos, suspiro por lo mucho que he deseado y lloro el bello tiempo que he perdido”. Sí, Shakespeare puede estar ahí, como también en una calle oscura de Osaka, en un mercado de Pachuca o en una isla remota del Índico.

También el Día del Libro sirvió para dar noticias que ya conocíamos (pero que nunca está de más confirmar), como la de que un informe de 1965 de la Policía española, que habla del asesinato de Federico García Lorca junto a otra persona en 1936, define al poeta como “socialista y masón”, al tiempo que le atribuye “prácticas de homosexualismo”. Lo evidente es que sus asesinos del año 36, la policía del 65 y el franquismo de siempre son los mismos “hi de puta”, como se decía en la época de Cervantes.

Triste fue igualmente el día 23 porque aquí en México murió el historietista Sixto Valencia Burgos, quien le dio rostro y figura a la imaginación de Yolanda Vargas Dulché para crear a un personaje inolvidable: Memín Pinguín. Historietas como las de Sixto Valencia todavía eran un inocente aperitivo para otras lecturas.

Leo también, como para no olvidar que la realidad supera a la ficción y que el libro es también protagonista de toda clase de aventuras, que en Buenos Aires, de acuerdo con un cable de EFE, “un libro del año 1748, que desapareció de una biblioteca privada de Roma en 2014, fue encontrado en una librería de la capital argentina que fue allanada a petición de Interpol, informaron hoy fuentes judiciales (...) El libro hallado es Memorie istoriche della gran cupola del Tempio Vaticano, e de’ danni di essa, e de’ restoramenti loro, que firma parte de un lote de 120 volúmenes antiguos que fueron robados en la capital italiana en octubre pasado (...) El libro del siglo XVIII, escrito por el autor italiano Poleni Giovanni, fue interceptado en un sitio de venta por Internet que remitía a la librería porteña”.

Día Mundial del Libro. día de quijotadas, sonetos, muertes y aventuras. Un día especial.

 

ariel2001@prodigy.net.mx