Analecta de las horas

Vila-Matas o la fe en la ficción

En sus libros encontraremos esa disposición a maravillarnos entrelazando lo imaginario con lo pretendidamente real, cruzando caminos insólitos y llevándonos a un viaje interminable en el que disuelve las rutas preestablecidas.

La figura central de este día inaugural en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara será la ficción. Pero no cualquier ficción, sino la personificada por un autor que defiende por sobre todas las cosas la posibilidad de dar un salto ahí donde todo mundo habría dado un simple paso: Enrique Vila-Matas.

Su rechazo a la prosa rectilínea y uniforme estaba de suyo autorizado por el hecho de que desde el comienzo de su carrera ha intentado (dicho por él mismo) una sola cosa: no aburrirse. Es así como abrazó desde temprano las mejores fuentes de la ficción, pero con un toque tan singular que, incluso en el terreno más heterodoxo, su pluma siempre ha sabido convocar a la revuelta; ningún pretendido vanguardismo —y menos aún los ismos en boga— han podido acotar el extenso horizonte que siempre dejan sus novelas y relatos.

La tentativa de Christopher Domínguez Michael para describir las claves de este escritor me parece atinada (y hoy, cuando se refiera al escritor catalán en la premiación, puede reafirmarla):

"Las ficciones vilamatianas, con variable fortuna, buscan la clave anecdótica del cuento, presienten la voluntad omnicomprensiva de la novela y logran la sapiencia del ensayo. Pero Vila-Matas no es un escritor literario, si por ello se entiende al preceptor que postula un método para armar (o desarmar) los mecanismos de la fabulación. Su originalidad radica en vivir la historia literaria como una novela de aventura sujeta a los avatares del naufragio, la búsqueda de un tesoro o el combate singular. La reaparición rutinaria de Robert Walser es para Vila-Matas tan necesaria como la de Sandokan en el ciclo salgariano. El mal de Montano es un desarrollo epigonal de Bartleby y compañía, a mi entender la obra maestra de Vila-Matas".

De la mano de la ficción más indómita, nuestro autor consigue sorpresivamente planear en el cielo del ensayo, lo que produce un vértigo delicioso en sus lectores atentos. En medio de una situación que podría parecer de pronto inaudita o descabellada, él o sus personajes dan un viraje de la mano de autores o artistas que hacen su asombrosa aparición ya como personajes, ya como escritores entrañables que tienen algo que decir para complementar —críticamente si es posible— una trama ficticia que así cobra una dimensión más real y fantástica a un tiempo.

En tiempos donde la realidad es representada tan pobremente por una ficción obstinada en contárnosla (unas veces mejor, otras veces peor), la ficción de Vila-Matas me parece una extraordinaria lente de aumento para ver cómo este mundo encierra toda esa fragilidad de lo irreal que rodea nuestras vidas. Y comprendemos entonces (como en su relato "Rosa Schwarzer vuelve a la vida") "que después de todo no sabemos —lo diré con las palabras del poeta— si en realidad las cosas no son mejor así: escasas a propósito. Tal vez sea mejor así: reales, vulgares, mediocres, profundamente estúpidas...".

¿Tiene algo de extraño que Vila-Matas se reconozca cercano, en una suerte de gravitación común, con autores como Perec, Larbaud o Gombrowicz? En absoluto. La experimentación formal para encontrar nuevas sustancias literarias ha sido y es un sello distintivo que comparte con un grupo muy selecto de escritores que decidieron muy pronto abandonar los estrechos caminos que les dictaba su tiempo o la prosa dominante.

Su más reciente libro, Marienbad eléctrico, confirma la extraordinaria condición a la que lo ha conducido esta larga marcha no hacia la ficción más pura, sino a la más provocadora y exigente: "Es un tipo de narración breve —dijo en una entrevista publicada por MILENIO— muy libre (que trata de tener el formato de Nadja, de Breton), también una nueva excursión al arte contemporáneo de vanguardia... Edmundo Paz Soldán acaba de escribir que con este libro no solo defiendo una nueva forma de escribir 'novelas', sino que presento un excelente ejemplo de esa nueva forma. Y creo estar de acuerdo con esto. Además, es un libro algo distinto a todos los míos, incluso al de Kassel no invita a la lógica, quizás porque la idea me ha venido de Dominique Bourgois. Yo no habría nunca tomado la decisión de escribirlo. Y sin embargo es fantástico haberlo hecho".

Pero lo que es un hecho es que en todo libro de Vila-Matas encontraremos esa disposición a maravillarnos entrelazando lo imaginario con lo pretendidamente real, cruzando caminos insólitos y llevándonos a un viaje interminable justamente en razón de que en el trayecto acostumbra disolver las rutas preestablecidas y, más aún, los previsibles destinos. Es un viaje con una sola certeza, como la esbozada por uno de sus personajes: "...una única y definitiva fe: la de creer en una ficción que se sabe como ficción, saber que no existe nada más y que la exquisita verdad consiste en ser consciente de que se trata de una ficción y, sabiéndolo, creer en ella".

ariel2001@prodigy.net.mx