Analecta de las horas

Stephen King y los 'best sellers'

Un grupo de científicos asegura haber desarrollado un algoritmo que puede predecir cuándo una obra literaria acariciará las mieles del éxito; sus patrañas se basan, por ejemplo, en equiparar a Charles Dickens con Dan Brown.

Habiendo despotricado una y otra vez contra los best sellers, llega Stephen king para taparnos la boca como corresponde. Es uno de los pocos que pueden hacerlo sin gran esfuerzo; bastan las primeras páginas del recién desempacado Doctor sueño (Plaza & Janés, 2013) para hacer gala de su vigoroso músculo narrativo y distanciarse kilométricamente de cualquier competidor, no estrictamente en el nivel de ventas (aunque a veces sí, claro) sino en el terreno
en el que menos alardea, el literario.

Porque pasarán "más de mil años, muchos más" —como dijo sabiamente Álvaro Carrillo en famosa canción—, y el género del terror seguirá perteneciéndole a quienes posean sus grandes conceptos: lo inesperado, la extrañeza, la insinuación sutil y la exploración incesante de este mundo en el que caben tantos otros, pero en primer lugar el de la imaginación. Y ahí es donde King se mueve como pez en el agua.

Doctor sueño es la prometida secuela de El resplandor pero, más que eso, es lo que el autor mismo definió como un regreso al terror fuerte, sin escondrijos para quienes lo padecen o para las realizaciones del "bien". Por si fuera poco, es también la novela que ganó la encuesta que hizo el propio King entre sus lectores acerca de qué historia suya debía tener continuación, un lujo que solo él puede darse, cierto de que podrá realizar el ejercicio perfectamente, sin esfuerzos absurdos o estúpidos como los que llevan a cabo infinidad de escritores de best sellers con tal de darle un segundo aire a sus pobres argumentos.

El libro nos presenta a Dan Torrance, aquel niñito que se paseaba en triciclo por los largos pasillos del hotel Overloock en El resplandor, quien ha crecido como ha podido o, mejor dicho, como solo puede hacerlo alguien que ha visitado un mundo terrorífico: perturbado y con temores fundados en que la pesadillas nunca terminan cuando supuestamente acaban. Nuestro personaje le ha dado la vuelta a Estados Unidos con muchos tragos encima, pero por fin se ha establecido en New Hampshire, donde trabaja en un asilo de ancianos, espacio en el que recrea su sexto sentido ayudando a bien morir a varias personas. Sin embargo, los fantasmas de su pasado y otros que vienen de su contacto con otros personajes del presente no lo dejan de asediar, como prueba de que el mal no descansa y siempre puede ser expresado talentosamente por la pluma de King.

¿Cuál es la fórmula de King para volver a hechizar a millones de lectores en todo el mundo, entre los que humildemente me incluyo? Debe ser larga y compleja para la mayoría de los escritores, si es que la hay, pero en todo caso dudo mucho que sea la que pretende haber encontrado un grupo de científicos de la Universidad Stony Brook de Nueva York, quienes aseguran haber conseguido (cito cable) "desarrollar un algoritmo que puede predecir con hasta un 84 por ciento de fiabilidad cuándo una obra literaria acariciará las mieles del éxito convirtiéndose en un auténtico fenómeno comercial. La receta de una aceptación global radica en dos ingredientes básicos: evitar los clichés y todo lo que resulte manido, y huir del excesivo uso de verbos".

Vaya idea. Si la contrastamos con todo lo que hoy predomina en las principales mesas de las librerías y que resulta groseramente exitoso, no encuentro por ningún lado las obras que evitan los "clichés y todo lo que resulte manido", ni tampoco las que huyen "del excesivo uso de verbos". Por ejemplo, las señoras más exitosas del mercado editorial (y juro que no hay misoginia en mi comentario, sino, por el contrario, comprobación de que también en esto las mujeres son mejores que los señores) se las han arreglado para contarnos en algunos casos sandeces "atrevidas", cursilerías que retoman muy viejas historias o aventuras por demás ridículas, poco originales y demasiado cargadas de verbos que destruyen todas las premisas del distinguido grupo de científicos que cree haber hallado el grial de los best sellers.

Nuestro genios neoyorkinos, dice la información que consulto, han "comprobado" que su formulita es correcta analizando con un algoritmo que ellos han creado "libros de literatura clásica de diversa índole, desde títulos de ciencia ficción a poesía, recopilados en el archivo del proyecto Gutenberg. Historia de dos ciudades, de Charles Dickens, o El símbolo perdido, de Dan Brown, son solo algunos de los títulos que se han sometido al experimento".

Y ahí está, creo yo, la infamia de todo su experimento: ¿qué relación guardan Dickens y Brown? Claro, la que ellos establecieron cotejando "los resultados arrojados por la fórmula creada con la información histórica sobre el nivel de difusión y acogida de la obra. Sorprendentemente, en el 84 % de los casos los datos coincidían en el mercado".

Como puede verse, es más idiota que sumar peras con manzanas, porque el éxito de Dickens (cuando no había mercadotecnia editorial, los medios electrónicos y el cine al servicio de un best seller) es lógicamente muy diferente del que conoce Brown. Y puedo anticipar algo, sin algoritmos: que dentro de 200 años (si hay humanidad) seguiremos leyendo y pensando a Dickens, mientras que Brown, con todo respeto, será un pasaje minúsculo que solo los investigadores más ociosos tendrán presente.

Aunque las patrañas de estos científicos suenen a grandes verdades, es evidente que si siguieron equiparando a autores como Dickens con Brown, seguro que resultó que Paulo Coelho es como Rabindranath Tagore y Tolkien igualito a J. K. Rowling. Pero en verdad, el tiempo lo dice todo y, quién lo dijera, también los millones de lectores. Pregúntenle a Stephen King.

ariel2001@prodigy.net.mx