Analecta de las horas

Paz: homenaje sin fin /I

La poesía nos estaciona en la vida misma; todas las dudas, las esperanzas y los temores, la alegría y el espanto caben en unas líneas que solo el poeta puede perfilar.

La celebración del centenario de Octavio Paz ha transcurrido por muy diversas rutas, todas ricas y complejas, como lo es la obra gigantesca del autor mexicano, reconocida siempre como universal. Es imposible resumir en poco tiempo las extensas valoraciones y los múltiples abordajes que impone el Paz poeta, el Paz ensayista, el Paz intelectual y figura pública.

Tengo la convicción, además, de que el conjunto de homenajes de los que ha sido objeto a lo largo de este año en México y el extranjero, han dejado en claro algunos temas artísticos e intelectuales sin los cuales sería incomprensible la importancia de Octavio Paz.

Doblegado por la enormidad del tema, no puedo sino presentar aquí algunos vislumbres de su obra poética o acaso algunos de los planos sustantivos de su legado en ese terreno.

Toda la vida del poeta es su poesía. Si es real la palabra escrita, así se la siente, así se la vive. Lo demás es la mentira o el sueño de las biografías; y otra más el análisis testarudo de por qué esto, por qué aquello, como si el manantial necesitara pretextos para surgir y saciar nuestra sed, refrescarnos o, mejor aún, purificarnos.

Leer la poesía de Poesía de Octavio Paz debería ser —como con todos los grandes poetas— un dejarnos sumergir en la palabra, dejarnos abrazar por toda su radiación. Si no es así, todo intento es en vano: vanas las introducciones, los cursos y la academia.

Sirven algunos datos, no lo niego; pero si uno conoce al poeta, es decir, su poesía, parecen solo accesorios. Ya todo nos fue explicado leyéndolo de corridito, como decimos en México, o leyéndolo al revés, en tramos o a picotadas, como aves en un árbol frutal. Confirmemos: la poesía es la biografía del poeta.


La poesía nos estaciona en la vida misma. Todas las dudas, las esperanzas y los temores, la alegría y el espanto caben en unas líneas que solo el poeta puede perfilar.


La poesía es la búsqueda interminable del poeta: un tránsito permanente (por inacabado) hacia la comprensión del mundo y la existencia. En su poema “La caída”:


Prófugo de mi ser, que me despuebla

la antigua certidumbre de mí mismo,

busco mi sal, mi nombre, mi bautismo,

las aguas que lavaron mi tiniebla.

 

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,

niebla de mí, mentira y espejismo:

¿qué soy, sino la sima en que me abismo,

y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

 

El espejo que soy me deshabita:

un caer en mí mismo inacabable

al horror del no ser me precipita.

 

Y nada queda sino el goce impío

de la razón cayendo en la inefable

y helada intimidad de su vacío.


Por este y otros ejemplos de su poesía, Rodolfo Usigli concluyó:

“Octavio se busca. Buscarse es ya en sí un acto poético, precursor del acto de conciencia y del acto de luz en que el poeta se encuentra y se estremece en una sacudida más terrible que la del espasmo, en un impulso vertical más dinámico que el del nacimiento, en un descendimiento más profundo que el de la muerte”.

Por supuesto, ninguna voz poética viene del silencio. Puede que se la encuentre en él, que allí encuentre su forma e inspiración, pero siempre proviene del eco de otras voces, de otros instantes ya soñados que germinaron en nuevos poemas. No hay un poeta originalísimo, y mejor que así sea, porque el campo de la poesía es tan grande que siempre el mejor poeta es el que se apropia con más solvencia creativa de las palabras ya antes cultivadas.

Decía Jorge Cuesta del joven poeta: “La que con las mismas palabras de Octavio Paz puede llamarse una ´obscura relación´ entre el poeta y su objeto, le permite a este último apoderarse del lenguaje de otros poetas, en donde suele percibirse. Son inconfundibles las voces de López Velarde, de Carlos Pellicer, de Xavier Villaurrutia, de
Pablo Neruda, que resuenan en los poemas de Paz. Pero debe advertirse que estas voces extrañas ni ahogan ni suplantan a su propia voz”.

Estas influencias, hoy lo sabemos, perduraron y modelaron una de las voces más inteligentes y apasionadas de las letras iberoamericanas. Una obra ingente, diversa, inagotable; una obra para un homenaje sin fin.


ariel2001@prodigy.net.mx