Analecta de las horas

Moribunda filosofía

Para estar casi in artículo mortis, esa disciplina presenta una lozanía muy atractiva con libros como "Manual de filosofía portátil", de Juan Arnau; "Filosofía para desencantados", de Leonardo da Jandra, y la novela de Guillermo Fadanelli "El hombre nacido en Danzig".

A partir de que Peter Sloterdijk decretó que la filosofía se hallaba in artículo mortis, todo libro de filosofía con el que me encuentro me parece una suerte de cirio en su interminable funeral. Lo que hizo Sloterdijk, pues, al abrir de forma tan contundente su Crítica de la razón cínica, fue como pronunciar una perfecta oración fúnebre:

“Desde hace un siglo la filosofía se está muriendo y no puede hacerlo porque todavía no ha cumplido su misión. Por esto, su atormentadora agonía tiene que prolongarse indefinidamente. Allí donde no pereció convirtiéndose en una mera administración de pensamientos, se arrastra en una agonía brillante en la que se le va ocurriendo todo aquello que olvidó decir a lo largo de su vida. En vista del fin próximo quisiera ser honrada y entregar su último secreto. Lo admite: los grandes temas no fueron huidas y verdades a medias. Todos estos vuelos de altura banalmente bellos —Dios, Universo, teoría, praxis, sujeto, objeto, cuerpo, espíritu, sentido, la nada— no son nada. Solo son sustantivos para gente joven, para marginados, clérigos, sociólogos”.

Pero habrá que conceder que para estar moribunda, de pronto la filosofía presenta una lozanía muy atractiva. Me encuentro entonces con el Manual de filosofía portátil, de Juan Arnau (Atalanta, 2014); Filosofía para desencantados, de Leonardo da Jandra (Atalanta, 2014), y hasta con una atrevida novela de Guillermo Fadanelli: El hombre nacido en Danzig (Almadía, 2014).

Primero llegó a mis manos el Manual de filosofía portátil. Si había, gracias a Vila Matas, algo así como una literatura portátil (símil de la caja-maleta o de la maleta-escritorio que transporta fácil y cómodamente lo que hay de portátil en el arte), ¿por qué no habría de existir una filosofía portátil? La hay, sin duda, y eso es lo que explica claramente Arnau. Manual, “porque prefiere las ligerezas del cuaderno a la pesadez del tomo.  Porque no es un libro oficial, ni académico, ni doctrinario...”; portátil, “porque es un homenaje a caminantes” y porque considera que “el espíritu de la pesadez infecta como ningún otro el de la filosofía”. Frente a la filosofía que fallece, el libro de Arnau viene a ser como un resucitador a nivel del hombre de a pie, no del académico abstruso y oscuro que tanto ha atemorizado a los lectores de todas las épocas. Sí, la filosofía es digerible y comprensible a condición de que se la lleve bajo el brazo.  Ese es el mérito fundamental de este manual, que nos lleva de la mano por la obra de un circulo de filósofos fundamentales: Wittgenstein, Nietzsche, Hegel, Kierkegaard, Kant, Heráclito, Platón y Aristóteles, entre otros, que necesitan siempre ser transportados en un neceser y no ya en las voluminosas valijas en las que nos han sido presentados tradicionalmente. Por eso Arnau dice que “la filosofía portátil es filosofía de caminantes, que se distinguen aquí del viajero. Deja para el adolescente la voracidad insaciable de experiencias y novedades. La sorpresa es sólo posible en el barbecho de la atención. La tensión entre ambas hace posible el asombro. Demasiadas sorpresas embotan el entendimiento, lo paralizan y, desesperado, lo abocan a la creencia desatenta.  La atención les pone coto, las delimita, y pasa a otra cosa cuando éstas sacan el látigo”.

Por su parte, Leonardo da Jandra explora las posibilidades —acaso últimas— de la filosofía. En tiempos fúnebres para esta disciplina, Da Jandra intenta sistematizar toda la vitalidad de su método, no sin reflexionar ampliamente sobre los grandes y más candentes dilemas que enfrenta en el terreno de la ética, la justicia y la confrontación del hombre con su entorno social. Viniendo de una selvática obra novelística, el escritor y pensador chiapaneco da rienda suelta a todas las inquietudes que han animado su travesía filosófica en los últimos años.  Quizás su búsqueda alumbre el camino en el que se han extraviado tantos y tantos desencantados.

En lo que muere, la filosofía es capaz de dar distintos paseos y también puede transfigurarse en ejercicios novelísticos sumamente atractivos, como el que emprende Guillermo Fadanelli en El hombre nacido en Danzig. Es el Fadanelli de siempre: ágil, transgresor e indómito, pero en el marco de una novela negra imbuida de reflexiones filosóficas y deportivas. Es una cascarita entre Magic Johnson y Schopenhauer, con algunos pases —y pases— a personajes que delatan permanentemente el vacío y desasosiego que acompañan la existencia humana.

Como se ve, la larga agonía de la filosofía sigue dejando innumerables y ricas experiencias intelectuales. Es obvio que, por fortuna, nunca terminará de morir.


ariel2001@prodigy.net.mx