Analecta de las horas

FCE: una gran celebración

El aniversario 80 de esa editorial tiene diversos festejos, pero ninguno es tan importante como el que tiene que ver con sus propios libros: ese autorreconocimiento de lo que representa en el panorama cultural hispanoamericano

El Fondo de Cultura Económica (FCE) acaba de presentar su programa editorial conmemorativo por sus 80 años de existencia. En conjunto, se planean 105 publicaciones a lo largo de este y el próximo año, y se incluyen lo mismo novedades que algunas reediciones de sus clásicos.

Si recapitulo sobre algunos de esos títulos, evoco de inmediato mis años en la Facultad de Economía. Cada libro me recuerda un maestro o varios, materias, compañeros, expectativas académicas y horizontes intelectuales que me llenaban de emoción. Y me refiero no solo a los libros de Keynes o Marx, sino a un amplio catálogo que nunca terminábamos de disfrutar: Roland Barthes con su magistral biografía de Michelet, única, paradigmática; Norberto Bobbio con sus indispensables enseñanzas en torno de las ideas y conceptos de la democracia; Isaiah Berlin, ese gigantesco autor que exploraba las aguas oceánicas de la historia de las ideas, especialmente de sus preferidos rusos; Jean-Paul Aron, acaso el primer intelectual en reconocerse enfermo de sida, con su exquisita crónica de la cultura francesa del siglo XX, etcétera. En fin, no podría enumerar todas las sorpresas y hallazgos de esos años o de los anteriores (de cuando quería, en la secundaria, por ejemplo, sin ninguna formación previa, leer algunos libros de filosofía), sino tan solo hago un reconocimiento a algunos de esos libros que fueron y son todavía grandes compañeros de mi viaje como lector.

Las editoriales marcan épocas. Y el FCE, que es un sello fundamental en toda Iberoamérica, no podía ser la excepción. Uno entrelaza con su catálogo los recuerdos personales, vivencias diversas que hacen de esta editorial algo entrañable. La escuela terminó, pero no la emoción de la búsqueda, la alegría de descubrir un nuevo breviario, un nuevo clásico.

Por supuesto, están los pendientes: si toda biblioteca personal es un proyecto, ahí quedan los volúmenes que, por una u otra razón, no terminamos de leer o que sabemos incluso que nunca leeremos totalmente, pero que sirven de referencia para una consulta o para la documentación de nuestro déficit. Y el FCE vaya que los tiene, por lo menos en mi acervo y en el de cualquier buen lector.

Hay libros en nuestra biblioteca que siempre parecen desafiarnos: los hojeamos, tanteamos posibilidades de lectura y, a veces, acobardados por su tamaño o profundidad, los dejamos de nuevo en su anaquel. Sin embargo, también en ocasiones, como si hubiéramos establecido una cita previa, llega el momento en que nos
adentramos en sus páginas y ya nada nos detiene, ni su tamaño ni las horas que sabemos debemos emplear. Mar abierto. Nosotros, navegantes decididos.

El aniversario 80 del FCE tiene diversos festejos, pero ninguno desde luego es tan importante como el que tiene que ver con sus propios libros: ese autorreconocimiento de lo que ha sido y de lo que representa en el panorama cultural hispanoamericano es su mejor homenaje. Esa es su verdadera fiesta. Por eso me da gusto que su director, José Carreño Carlón, hable de la recuperación de algunos títulos de la colección Breviarios, como los dos tomos de Historia de la locura en la época clásica, de Michel Foucault, autor que cumplió recientemente 30 años de fallecido; Cómo escuchar la música, de Aaron Copland, que, se me ocurre, debería incluir un disco o algo que nos acercara a su propia y fantástica producción, o La estructura de las revoluciones científicas, de Thomas S. Kuhn, que es uno de los libros sobre ciencia más populares.

Eso por lo que hace a los Breviarios, pero están también los “pesos completos”: El capital, de Carlos Marx; la Fenomenología del espíritu, de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, y La democracia en América, de Alexis de Tocqueville.

Debo decir, por cierto, que nunca accedí a El capital en la traducción que preparó para el FCE Wenceslao Roces; preferimos, en su momento, la de Pedro Scaron hecha para Siglo XXI y que, a la distancia, según los estudiosos, sigue siendo la mejor versión al español. La de Roces, no obstante, es emblemática desde la perspectiva de que se trata de una traducción pionera en Hispanoamérica.

Así que seguimos celebrando al FCE en sus 80 años. Y miren que es un periodo que, en buena medida, perfila su primer siglo de existencia.

 

ariel2001@prodigy.net.mx