Analecta de las horas

La Región 4 de la izquierda mundial

Es evidente que el liberalismo no prendió gran cosa en nuestras tierras y que, en cambio, el populismo floreció hasta absorber y consumir a la izquierda, otrora crítica suya.

Como muchos otros que militamos o que estuvimos muy cerca de diversas agrupaciones y partidos de izquierda, a menudo me pregunto lo que queda de esa maraña de estructuras que persisten en autoproclamarse como representantes de esa corriente.

En Europa (donde más luces parece tener), se halla en retroceso frente a las derechas y ultraderechas que exaltan el nacionalismo, el cierre de fronteras y la vuelta al pasado. Su forma socialdemócrata, la más digna, sufre también los embates de diversas expresiones radicales que van desde los defensores del planeta hasta la nueva izquierda de las redes sociales con las más viejas prácticas y confusiones.

Donde la izquierda hace mucho se hizo régimen de gobierno, sobreviviendo incluso a la caída del Muro de Berlín, busca eternizarse, como en China; allí, un mandarinato que sigue teniendo como estandarte la imagen omnipresente de Mao hace posible, para fascinación de muchos, la simbiosis de lo peor del capitalismo con lo peor del comunismo (la explotación brutal con la ausencia de libertades). Muy cerca, como un monstruo que creció a su cobijo, Corea del Norte, sociedad aplastada e idiotizada por la misma dinastía que impulsa uno de los proyectos militaristas más delirantes que haya conocido la humanidad (y que, sin exageración, un buen día nos puede despertar con una conflagración termonuclear).

Atrincheradas en la dictadura revolucionaria o en los desplantes autoritarios que les permiten sus regímenes democráticos, en América Latina tenemos, con Cuba, Nicaragua y Venezuela a la cabeza, ejemplos de cómo terminan las revoluciones inspiradas en la lucha por cambiar la suerte de los más pobres y reivindicar la justicia "con mayúsculas": sempiternos clanes familiares en el poder, corrupción revolucionaria, confiscación de las libertades...

En Europa, la izquierda tuvo por lo menos durante décadas la fortuna de estar ligada al Estado de bienestar. Otra cosa es que haya tenido también la desgracia de verlo caer ante las inclemencias del mercado y las despiadadas crisis económicas, o que sus principales generaciones beneficiarias lo hayan creído inagotable y aun hoy se opongan a toda reforma que merme privilegios imposibles de sostener (Francia, con sus sindicatos y estudiantes de la mano, es un ejemplo de ello). Pero, con todo, la izquierda europea, en su concepción socialdemócrata, tiene todavía imaginación y buena madera política para enfrentar el futuro y mantenerse como opción no solo válida sino, creo, imprescindible para alcanzarlo (valga mi optimismo).

En el Viejo Continente no faltan, desde luego, los discursos radicales de una izquierda que algunos ven como importada de América Latina. Y es que se trata de nuevas formaciones "no tradicionales", ciertamente, pero imbuidas de una jerigonza radical que se asienta más en gestos, frases huecas y dislates que en un programa serio (ver el caso de Podemos en España, recién castigado por un electorado que acaso terminó por verlos como lo que son: una agrupación de airados opositores que lo que más lucen es su improvisación y no pocas sandeces en torno de temas tan delicados en este momento como la Unión Europea o el independentismo catalán y vasco).

En México, eso que (por pereza, supongo, cuando no por cinismo) llamamos izquierda, vive un proceso de franco deterioro en la figura del Partido de la Revolución Democrática, y de inquietante ascenso en la del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). El primero se desmorona y ni siquiera un ex priista redimido (como el que contrataron para dirigirlo en la pasada temporada electoral y cuya idea más original fue aliarse con el PAN) pudo contener su caída como alternativa "de izquierda". El segundo ha crecido, en primer lugar, a expensas del primero, y lo más seguro es que lo siga carcomiendo de cara a las elecciones de 2018; pero también, y eso es lo más riesgoso, crece acercándose a los movimientos sociales como el de la CNTE, con lo que muestra el verdadero talante de nuestra "izquierda" radical.

Gracias al desastre chavista en Venezuela y kirchnerista en Argentina; a las corruptelas de los Ortega en Nicaragua; de las estafas millonarias con apoyo del pueblo en Brasil o de la demagogia hilarante de Evo Morales en Bolivia, ahora sabemos (si no nos vencen las telarañas ideológicas) a lo que conduce la Región 4 de la izquierda mundial.

Es evidente que el liberalismo no prendió gran cosa en nuestras tierras y que, en cambio, el populismo floreció hasta absorber y consumir a la izquierda, otrora crítica suya. El resultado lo hemos visto en gobiernos latinoamericanos que juegan dentro del esquema democrático para hacerse del poder, pero que luego, no pocas veces, buscan someterlo o abiertamente anularlo. Y es eso lo que lo acerca al fascismo.

Así las cosas, supongo que es coherente con el proyecto de Morena, encabezado por López Obrador, acercarse y brindar todo su apoyo a organizaciones como la CNTE, preparadas para la extorsión social, para apalear opositores, asesinar periodistas que exhiben su vandalismo, decididas al estrangulamiento de estados enteros y, sobre todo, al chantaje millonario a los gobiernos (como ha quedado demostrado con las recientes revelaciones de MILENIO).

Con bases de esa calidad, solo lo mejor de la Región 4, Morena comienza de maravilla su carrera hacia el 2018.

ariel2001@prodigy.net.mx