Analecta de las horas

El periodismo de las redes sociales /I

Representan muchas veces pura animosidad: sí o no, me gusta o no me gusta, haciendo a un lado matices y todo cuanto signifique consecuentemente reflexiones profundas.

Son tantas las miradas apocalípticas en torno de los medios, de su futuro y de la calidad de sus contenidos, que uno pensaría que el interés de los más jóvenes por estos temas o bien nunca nació o vive una absoluta debacle.

Felizmente, sin embargo, una invitación a acompañar con una conferencia la premiación de la edición 13 del Concurso Nacional de Periodismo Universitario, convocado por el periódico universitario Entretodos, que circula desde hace 14 años, cambió mi opinión.

El concurso en cuestión (que tuvo como sede a la Universidad La Salle Laguna, y que contó con el apoyo del grupo Peñoles, así como de las presidencias municipales de Torreón, Coahuila, y de Gómez Palacio, Durango, además de diversas instituciones educativas) me ha puesto al corriente del enorme entusiasmo que aún despierta entre las nuevas generaciones el trabajo de los medios de comunicación.

El concurso en cuestión ha tenido en el maestro Juan Noé Fernández Andrade a se más decidido promotor; lo que comenzó siendo un pequeño certamen universitario, alcanza ya una participación realmente nacional, con la ventaja de que sus participantes expresan siempre una gran vocación y un enorme talento.

Así que, puesto a disertar sobre el tema de si es periodismo lo que se informa desde las redes, me encontré con que los ganadores del concurso (que desarrollaron el mismo tema) habían agotado en forma bastante competente algunos de los temas que yo había previsto para mi charla. Buscaron, se comprometieron a investigar en las diferentes categorías que les correspondían y de esa manera llegaron a algunas conclusiones muy valiosas, nada complacientes ni con las redes ni con los medios "tradicionales".

Gratamente sorprendido, pretendí entonces instalar unas cuantas reflexiones sobre este tema por demás actual, uno que incluso cotidianamente, de un modo u otro, discutimos lo mismo quienes participamos de la producción periodística y quienes han encontrado en las redes su mejor y más importante espacio de intervención pública.

¿Es periodismo el que se difunde en las redes? Mi respuesta es sí y no. Lo cual es distinto en más de un sentido al "sí, pero no" del que un ilustre coahuilense, Julio Torri, se burlara en un relato que viene muy a propósito de nuestro tema, porque sin querer define lo que hoy son las redes sociales y, en general, internet: Salva-Obstáculos, y así se llama precisamente el personaje de Torri y su relato del que creo que vale la pena que recuperemos un fragmento:

"Un día, jugando con una hermana menor, descubrió que las niñas no sabían razonar correctamente, y en su interior resolvió componer cuantas cabezas de niñas había en el mundo. A los pocos meses todas las niñas razonaban con notable perfección y uniformidad —sí porque sí, no porque no, sí, pero no— como relojes que señalan la misma hora. Hasta producían un ruido particular al pensar, un ruido semejante al de una pistola que se amartilla.

"A los quince años, Salva-Obstáculos reformó la conversación de las gentes. Las pláticas fueron desde entonces rítmicas, justas, perfectas. Nunca volvió a oírse una paradoja. Algunas que ya habían pasado a la categoría de lugares comunes, de valores definitivos aun para las gentes del campo y los maestros de escuela, fueron desenterradas de los bajos estratos de la sociedad y destruidas en las plazas públicas. La familia, el orden, la buena fe, el espíritu de pesadez recobraron a la muerte de la paradoja todos los fueros y privilegios que habían tenido el primer día del mundo".

Creo que en ocasiones las redes trabajan sin saberlo "por la simetría y por la uniformidad" a la que era propenso el Salva-Obstáculos de Torri: un día la emprende en un tono plural, pero otro hace pedazos con total intolerancia a alguien, sea o no inocente.

Entonces, volviendo a mi respuesta inicial sobre si es periodismo el que se ejerce desde las redes, digo que sí y no. Sí, porque de modo evidente la multiplicación incesante de dispositivos electrónicos hace cada vez más probable que cualquiera pueda captar, estando en el lugar de los hechos, lo que es o será eventualmente una noticia. Hasta el más despistado de los ciudadanos se puede convertir, accidental e incluso distraídamente sí se quiere, en corresponsal de un suceso fundamental. Ya lo hemos visto y lo seguiremos viendo a cuenta de la instantaneidad en la que nos sitúan las nuevas tecnologías.

Pero también digo que no. No, porque desgraciadamente una buena parte de lo que llena el espacio de las redes sociales no contiene los atributos que esperamos de una noticia: seriedad, confirmación, veracidad, exposición contrastada de fuentes, etcétera. Abunda lo irrelevante, cuando no lo soez, el registro de estados de ánimo y, sobre todo en materia del tratamiento de la cosa pública, opiniones gratuitas, prejuiciadas o infundadas.

Las redes abrigan lo que ningún medio serio podría acoger: juicios irracionales, datos entresacados, verdades a medias. Jean-François Revel, en un libro fascinante que se llama El conocimiento inútil, advertía algo que ha marcado la tónica de las redes sociales:

"Según las leyes que gobiernan a la mezcla de palabras, de apegos de odios y temores que llamamos opinión, un hecho no es real ni irreal: es deseable o indeseable. Es un cómplice o un conspirador, un aliado o un adversario, no un objeto digno de conocer".

Por eso las redes representan muchas veces pura animosidad: sí o no, me gusta o no me gusta, haciendo a un lado matices y todo cuanto signifique consecuentemente reflexiones profundas. Es decir, nada más lejano del periodismo que, especialmente en estos tiempos, nos debería importar cultivar.

ariel2001@prodigy.net.mx