Analecta de las horas

El silencio de Bob

Ya que la Academia Sueca levantó gran polémica con su decisión de otorgar el premio Nobel a Bob Dylan, y ya que en todas partes muchos hemos discutido el tema, ahora parece venir la parte más divertida o, según se vea, la más trascendente: el silencio del gran Bob.

Mientras escribo esto, de manera inevitable la especulación crece porque desde que las autoridades académicas decidieron concederle el máximo galardón de las letras, el autor de “Mr. Tambourine Man” no ha trabado contacto con ellas y tampoco ha dicho una sola palabra sobre el premio.

A estas alturas la Academia ya anunció que desistirá de buscarlo. Pero es innegable su nerviosismo: Sara Danius, su vanguardista secretaria permanente, tuvo que salir a decir que no está preocupada, lo que aquí y en Suecia quiere decir que sí lo está. O debería estarlo, porque no creo que le haga muchas gracia no saber si el músico acudirá o no a Estocolmo el próximo 10 de diciembre a recoger su galardón.

Doña Sara, que desde el anuncio del premio de este año ha tenido que justificar muchas cosas, finge serenidad: “Tengo un presentimiento de que Bob Dylan puede venir. Puedo equivocarme, y claro que sería una pena que no viniese, pero en cualquier caso la distinción es suya y no podemos responsabilizarnos de lo que pase ahora. Si no quiere venir, no vendrá, será una gran fiesta igual”.

¿Igual? ¿O sea que con o sin Bob habrá gran fiesta? Es muy optimista de su parte. Es como que la novia de pueblo diga que, independientemente de que la planten, habrá boda. Y claro, me refiero a la fiesta, porque lo nobel ya nadie se lo quita a Dylan. Vaya o no a la ceremonia de entrega, es y será ya para siempre el premio Nobel de Literatura 2016.

Pero lo que sí puede ocurrir es que Bob Dylan no diga nada y tampoco vaya, y que sus fans interpreten su silencio como un gesto poético. O bien, que uno de estos días, al finalizar un concierto o entrando a un hotel, declare: “Ah, por cierto…el premio no lo voy a recibir. El dinero, por favor, dénselo a los poetas pobres, que hay muchos por doquier…”. O cualquier otra cosa que nos deje boquiabiertos. Porque el gran Bob puede hacer literalmente lo que quiera.

Especulo porque el silencio abre la posibilidad de que Dylan dé una extraordinaria lección de grandeza y sentido común a la Academia Sueca y a sus admiradores más disparatados.

Y es que entre ir y recibir el premio y pronunciar un discurso, o satisfacer a sus más elementales seguidores y cantar “Like a Rolling Stone”, puede todavía optar por no asistir y hasta negar todas las sandeces de escritores y músicos que lo identificaron con Homero, Safo y Shakespeare (y que a él acaso le produjeron solo risa).

En todo caso, Bob está a punto de formar parte del club Pasternak-Sartre, los únicos dos autores que han rechazado el Nobel de Literatura. Las razones de Borís y Jean-Paul vale la pena tenerlas presentes, porque lo de Bob tendrá que ser muy distinto.

En su momento, 1958, el autor de Doctor Zhivago tenía toda la intención de recibir el galardón, pero las cosas en la Unión Soviética no ocurrían según los deseos de un literato sino según la decisión del poderoso jefe del Partido Comunista. Y como en esa época lo presidía el camarada Jruschov, que odiaba personalmente al autor, las cosas no resultaron nada bien para Pasternak.

Ya desde que ante miles de personas un enviado de Jruschov, el distinguido militante Semichastny, comparara a Pasternak con un cerdo, para señalar que “un cerdo no haría lo que él ha hecho…. porque un cerdo jamás defeca donde come”, Pasternak debió sentir que su propia vida corría peligro. El Premio Nobel lo salvó de morir.

Aun así, Pasternak tuvo que desistir del premio y escribió esa famosa carta a la Academia en la que dice: “Considerando el significado que este premio ha tomado en la sociedad a la que pertenezco, debo rechazar este premio inmerecido que se me ha concedido. Por favor, no tomen esto a mal”. Y nadie lo tomó a mal, porque todos sabían lo que podía ocurrirle en caso de desobedecer al partido.

El caso de Sartre, en 1964, es más simple: su existencialismo marxista (o al revés) le impedía aceptar el Nobel; se supone que hacerlo hubiera puesto en riesgo su identidad como filósofo. Pero como en París también pegaban con la izquierda y cobraban con la derecha, poco después de rechazar el galardón el filósofo confirmó su identidad pidiendo a la Academia que por favor le enviara el dinero.

Dylan no tiene prohibido ir a recibir el Nobel, ni tampoco puede alegar que perderá su identidad si lo acepta. ¿Qué hará entonces? Ya que nos puso a especular, esperemos que algo tan genial como una de sus mejores canciones.

ariel2001@prodigy.net.mx