Analecta de las horas

Arte: el triunfo del mercado

El mundo del arte se ha venido poblando de expresiones rayanas en la miseria conceptual y en un sinnúmero de extravíos, ocurrencias y hasta gracejadas.

Me referí la semana pasada al informe de Artprice.com que, en colaboración con el conglomerado chino Artron, mostraba un ascenso vertiginoso de las ventas de arte en 2014. De paso, reparé en el éxito de Yayoi Kusama. Obsesión Infinita, muestra que en México provocó que el  Museo Tamayo pareciera por momentos la estación Pino Suárez del Metro en su hora pico.

Kusama, en mi opinión, es un buen ejemplo de lo que sucede en el mundo del arte, guiado cada vez más por un fenómeno extra estético: el marketing.

Las cifras de Artprice.com señalan que en 2014 se registró un 26% más de ventas que el año anterior, lo que en conjunto hizo posible que se movieran unos 15 mil 200 millones de dólares (contra los 12
mil 500 millones de dólares del 2013).

Estas cifras parecen pobres en comparación con el récord registrado por el informe El Mercado del Arte 2015 preparado en el marco de la Feria Europea de Arte (TEFAF) que arrancó ayer, y que habla de transacciones por 54 mil 946 millones de dólares. Esta cifra, claro, considera el mercado de antigüedades y otros rubros que Artprice.com dejó fuera de sus cálculos, con lo que se explica la enorme diferencia entre ambos reportes.

Otro aspecto distintivo es que en Artprice China aparece a la cabeza del mercado, en tanto que para el informe de la TEFAF las ventas se dividen así: EEUU (39%), China (22%) y Reino Unido (22%).  Clare McAndrew. “autora del documento y economista cultural”, según el cable que consulto “destaca el vigor continuo del arte moderno, así como el de posguerra y contemporáneo, siendo éste último el más importante a nivel de ventas con un 48% del total y 5 mil 900 millones de euros (6 mil 356 millones de dólares), lo que representa el nivel más alto registrado hasta la fecha”.

La fascinación por el arte contemporáneo está en el centro de este boom. Y no es de extrañar, pues también supone una multiplicación de los objetos que denominamos arte y de los sujetos dedicados a producirlos. Desde “el fin de los grandes relatos” que marcó el inicio de la llamada posmodernidad, el mundo del arte se ha venido poblando de expresiones rayanas en la miseria conceptual (y no aludo, desde luego, únicamente al arte conceptual) y en un sinnúmero de extravíos, ocurrencias y hasta gracejadas que el mercado, influido por galeristas, críticos y medios, celebra en grande. En realidad, muy en grande, si tomamos en cuenta los millones y millones de dólares que algunas obras alcanzan como si nada.

Alguna vez Robert Rauschenberg, allá por los años setenta, se acercó a una subasta y de pronto vio cómo se iniciaba una puja con una de sus obras que él había vendido en apenas unos miles de dólares. Al cabo de la subasta, su obra alcanzó un precio muy elevado; el ganador indiscutible era su galerista, que con trabajos como el suyo se había enriquecido notablemente en unos cuantos años. Era la época en que el mercado del arte comenzaba a despegar y a alejarse de las tradiciones.

En la última década el crecimiento de este mercado ha sido de 300 por ciento. ¿Qué hay detrás de este movimiento ascendente? Según el informe anual de Artprice el mercado está sostenido por la multiplicación de los museos. Thierry Ehrmann, presidente de la instancia citada, asegura: “Se han creado más museos entre 2000 y 2015 que durante los siglos XIX y XX juntos y en la Gran Asia se abre un museo por día”.

Pero según la TEFAF —creo que con mayor realismo— de por medio están sobre todo las ferias de arte, que ahora mismo representan el 40 % de las ventas hechas a coleccionistas; éstos las prefieren solo por debajo de las galerías, que siguen siendo el espacio predominante. En 2014, dice el documento señalado, hubo unas 180 ferias internacionales; de entre ellas, las 22 más importantes atrajeron a un millón de visitantes.

Otra tendencia que hay considerar son las ventas online, que ya representan un nada despreciable 6% del total del mercado. Pero sea como fuere, el arte y su mercado distan mucho de lo que conocíamos hace apenas tres o cuatro décadas. Y por supuesto, esto tiene dos vistas: si atendemos lo que se exhibe, y luego se vende y compra, nuestra decepción estética va en aumento; si apelamos a su impacto económico hay también una derrama económica que no deja de ser positiva y que va mucho más allá de los pocos (grandes) ganadores, puesto que el  mercado del arte en 2014 generó 2.8 millones de trabajos y “más de 438 mil empleos en el sector secundario de la industria, incluyendo ferias de arte”, dice la TEFAF.

Burbuja, nube o ficción, el arte conoce hoy derroteros que habrían dejado perplejos a buena parte de los artistas del siglo XX. Lo peor, es que está mal visto dudar; al hacerlo, corremos el riesgo de ser juzgados como ignorantes o insensibles. El mercado ha triunfado: las obras nos impactan por su precio o por la firma de prestigio que las acompaña, no por lo que nos dicen.


ariel2001@prodigy.net.mx