DE RAÍCES Y HORIZONTES

Las palabras

Sin duda, hay muchos elementos que ayudan a revelar nuestra edad. Lo primero que nos viene a la mente son las ahora llamadas de manera elegante líneas de expresión, mismas que surcan nuestros ojos, boca, frente, cuello y manos (supongo que decirle arrugas resulta una palabra demasiado fuerte). 

El paso de los años también se nota en nuestro cuerpo. La figura de nuestra juventud, enérgica y estética, se empieza a relajar, a tomar otra forma mucho menos atractiva. Aunque nos amparemos en gimnasios, es difícil volver a nuestro tiempos mozos, como canta mi nada admirado Arjona en su canción “Señora de las cuatro décadas”: “Permitame descubrir/ Que hay detras de esos hilos de plata/ Y esa grasa abdominal / Que los aeróbicos no saben quitar.”Otro signo revelador tiene que ver con nuestro cabello.

La melanina se ausenta y nos regresa a cambio el inicio de una melena sin color. Aunque algunos hombres acuden a tintes especiales, la mayoría delas mujeres tomamos una de las  nuevas esclavitudes de nuestro siglo, teñir el cabello tan pronto aparecen las detestables canas. Ellas representan algo tan odiado como Hitler.Además de todos esos signos adheridos a nuestro cuerpo, existe uno que es aún más difícil de ocultar que todo lo anterior: nuestras palabras.El pasado jueves, platicaba con un grupo de amigas en aquí en Torreón, la mayoría de ellas son de Saltillo.

Comentamos sobre algunas palabras en desuso para los jóvenes. Lety Saucedo nos preguntó si conocíamos el pastel chiffon. Las que no somos saltillenses en automático contestamos que no. Nos explicó que antiguamente se estilaba ese tipo de pastel de vainilla y esponjoso, en especial para las bodas.

Después, Lety Rodarte nos contó que sus hijos se burlan de ella cuando habla sobre velices. Le dicen que ahora se llaman maletas.Finalizó diciendo que hace días llegó con los jóvenes del grupo de teatro de la UAdeC a pedirles una pistola.

Se miraron entre sí hasta que uno de ellos afirmó: “Lo que ella quiso decir es secadora de cabello”. Sin duda, el tiempo es implacable y nuestras palabras nos delatan. 


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