DE RAÍCES Y HORIZONTES

80 el 20

Desde ayer mi padre carga ocho décadas en el lomo. Ese huesudo lomo ha sido anhelado por mis hermanos y por mí desde siempre. Su estructura es envidiable, le pedí me heredara su metabolismo, pero no fue tan benevolente como hubiera deseado. Lo recuerdo delgado desde que tengo memoria, en ninguna etapa ha albergado una ligera panza.Daba gusto verlo comer hace unas décadas, con un apetito interminable, despacio disfrutaba la sopa, el platillo, las guarniciones y el postre que mi mamá le preparaba. Su refresco de cola era imperdonable, porque sin éste sentía que le faltaba algo. Dos horas después le gruñían las tripas, iba a la tienda por otro refresco y un “chocolatito o dulcito”. Eso era a media mañana y a media tarde. Más bien sigue así, aunque ha disminuido las cantidades. Desde que yo estaba en la primaria, recuerdo que todas las mañanas, sin excepción, practicaba una rutina de ejercicios. Hace años viajé con él y mi madre a España con un itinerario muy pesado, caminábamos hasta seis horas diarias. Pensé no haría su rutina, pero no la dejó ni un solo día. Confieso que yo aunque siempre me he hecho ejercicio, durante ese viaje no hice ninguno. Su firme convicción es herencia de su padre don José Ayup Tedy, quien entrenó durante años a sus hijos en el básquetbol y el Equipo Matamoros mantuvo los primeros lugares en La Laguna.Mi padre don Jaime Ayup Sifuentes es un hombre sencillo y de buen corazón. Se jubiló de la SEP Torreón y desde entonces apoya en la mercería que mi mamá tiene en el centro de Matamoros. Me gusta pensar en él cuando dice “A-qué-mi-jito” cuando alguien le pide algo extraordinario; cuando lo veo disfrutar como niño una nieve de Panchito o un barquillo con cajeta; cuando cruza sus piernillas flacas y me recuerda la imagen de su mamá Chanita; cuando se sienta a hacer sus crucigramas y cuando me mira los ojos, sonriente, también cuando habla orgulloso de mi hija Jimena. Me gusta verlo tranquilo, con su mirada de paz y ahora su andar lento. Felicidades, Jaimito, queridísimo papá, por compartir esos 80 años, ayer 20.  


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