DE RAÍCES Y HORIZONTES

La mancha

Un estruendoso ruido terminó de despertarme el pasado jueves. Estaba por sacar mi auto de la cochera de mi casa en Saltillo. En cámara lenta escuché un alegórico claxon, como con reverberación. Por el retrovisor vi un taxi pegado a la parte trasera de mi carro.

Empecé a sospechar que fui causante de un choque. Me paré a ver qué pasaba. La puerta del taxi estaba medio caída, y con un hueco perfecto formada por la facia de mi carro. 

Bajó del taxi su chofer, un hombre alto y corpulento, una señora y un joven. Los dos últimos salen casi corriendo, argumentando que era tarde para llegar a la escuela les quedaba a dos cuadras. El taxista solo los observó que se iban sin pagar. Nos estacionamos para no entorpecer el tránsito vehicular. Entré a avisarle a mi marido sobre el percance. 

El taxista estaba muy nervioso, le temblaban las manos, y empezó a desesperarse porque su jefe no le respondía la llamada. Mi esposo y yo le ofrecimos un café y le dijimos que no se preocupara. Nos dijo que hace un año sufrió un infarto y que tiene graves problemas económicos en su familia. No cuenta con servicios médicos y vive al día. 

En pocos minutos, mi cuadra se llenó de taxistas y los vecinos veían con extrañeza la escena. De manera atenta, el taxista con el que estampé mi auto los invitaba a retirarse. Llegó mi ajustador para levantar el reporte. Retrató las partes averiadas con su celular y mandó datos de los daños. Sacó un aparato negro y chico que resultó ser una impresora portátil.

Sobre la pequeña hoja impresa, firmó el ajustador la orden para llevar mi coche al taller de enderezado y pintura.

Sacó de la bolsa de la camisa un minúsculo sello para darle autenticidad a la orden impresa.  Esa mañana todo fue breve: el tiempo en que mi cerebro captara el sonido del claxon; el daño de la puerta del taxi y de la facia de mi auto; la negociación entre el ajustador el taxista y yo; la duración de beber el café y lograr tranquilizar al taxista.

A partir de ese día se conmemora esa brevedad de elementos que hacen que otros puedan perdurar en la memoria y en las bromas cotidianas de mi familia. Dentro de esa reminiscencia, la parte trasera de mi carro muestra una mancha amarilla-negra. 


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