DE RAÍCES Y HORIZONTES

2016

Se estila usar los primeros días del año para repensar nuestras acciones, pasadas y futuras, planear lo que haremos, aplicar cambios y mejoras para nuestra persona, así como nuestros círculos familiares, sociales y profesionales.

Tomamos aire de las comilonas con personas que vemos poco, pero que estimamos, además de la familia y amigos. Evitamos enfrentarnos con dos grandes enemigos, o por lo menos para mí, si lo son: la báscula y el espejo.

Ambos derraman cizaña, y me ponen de  tajo con una realidad que no me resulta agradable. El espejo olvidó la piel fresca y me regresa evidencias de cientos de sonrisas acumuladas.

La báscula me cobra, palmo a palmo, lo que con gran alegría paso por mi boca durante las fiestas navideñas. Atún, pavo, salmón, venado, cabrito, arroces, tamales, espagueti, romeritos, huachinango, cochinita pibil, puré de papa, lomo de cerdo, ensalada de manzana y ensalada verde.

De postres, los imprescindibles este año: buñuelos, y en diferentes presentaciones, sabores y colores: pays, brownies, pasteles, chocolates, galletas, mermeladas y conservas. 

Pareciera como si no fuera a tener otro mañana. Seguí a pie juntillas el deseo de mi sobrina Leslie que hace algunos años nos compartió: comer y comer. A todas horas, o mejor dicho, una vez al día, desde que abría el ojo hasta que lo cerraba. Sin embargo, si hubo otros mañanas, he sobrevivido a hoy tres de enero de 2016. 

Hoy, han dejado de restar intereses las modas o los automóviles. Leo, cuento historias, escribo, cocino, aporto con lo poco que sé, veo los atardeceres, las estrellas, las sonrisas de los niños y los ojos de las personas que quiero.  

Cada fin de diciembre retiro el calendario de la cocina. Siento que entre sus hojas se fueron vertiginosas las horas, los días enlazados con los meses y me dejan ser un poco más yo. No me detengo a cavilar en los pensamientos de otros sobre mí.

No uso tiempo para pensar qué ropa usaré, sino en qué leeré antes, qué podré aportar, que aprenderé, qué personajes conoceré. Seguimos fluyendo en nosotros mismos. En fin, para mí, el año viejo dejó grandes elementos positivos.

A trabajar desde hoy para que el 2016 sea mejor. 


biznagas@hotmail.com