DE RAÍCES Y HORIZONTES

Sin cabañuelas

Recuerdo escuchar a mi abuela materna, doña María Mejía Cervantes hablar sobre las mentadas cabañuelas. Hacía cuentas de los números del mes de enero y lo relacionaba con un mes del año, para pronosticar cómo estaría el termómetro al día siguiente.

No apuntaba nada, decía que era importante poner atención al comportamiento climático diario, porque eso nos daría una idea de cómo estaría el próximo año. Nunca entendí sus cálculos, pero por lo general acertaba en sus proyecciones. 

Las cabañuelas son parte de la sabiduría de pueblo que hemos ido perdiendo poco a poco. Pregunta a los jóvenes y pocos sabrán de qué hablas. Es un método para pronosticar el clima con base en la observación. No se sabe con exactitud su origen y no hay documentación escrita al respecto, sin embargo, existen versiones que en el México Antiguo los aztecas se basaban en este conocimiento. Estudiosos del México prehispánico suponen que también en Mesoamérica y Aridoamérica, emplearon un sistema similar.

Las formas y movimientos de las nubes, la dirección del viento, las características del sol, la luna, las estrellas, la niebla, el rocío de la mañana, el granizo y un posible arcoíris eran los indicadores que tomaba en cuenta mi abuela para predecir el fenómeno atmosférico. También observaba si crujía la madera de los muebles, aparecían hormigas aladas, o las palomas se bañaban como presagio de lluvia. Si cantaba el gallo en el día afirmaba que cambiaría el clima; y si el gato corría sin razón aparente decía que tendríamos viento. Y qué decir de sus dolencias en las rodillas, era que se avecinaba el frío.


Mi abuela se detenía a observar entre muchos otros elementos, las estrellas, el trayecto del sol y el viento en los árboles. Tuvieron que pasar varias décadas para darme cuenta de su sabiduría, que su aplicación sobre las cabañuelas fue solo uno de los muchos conocimientos que debí aprenderle. Quizá ella sienta tristeza de ver cómo vivimos en la ciudad, con el tiempo cercenado, sin percatarnos de las estrellas y su cobijo diario. Quizá también porque me dejó sin sus cabañuelas.

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