DE RAÍCES Y HORIZONTES

23 años

Hace poco se jubiló mi licuadora-pica-pica. Después de moler y moler, de golpes sin malas intenciones perdió un poco de su base y de su trompa. El accesorio para el pica-pica no salió ileso. Se averió de la parte donde se activaba el mecanismo, de manera que lo sustituí con un par de palillos de madera los cuales introducía en la parte dañada. Al poco tiempo nos molestaba despidiendo cierto olor a quemado, lo hizo un par de veces.

Un buen día el dichoso artefacto, así sin más, dejó de moler como antaño. Cuando le comenté esto a mi hermana Lulú, se rió e hizo cuentas de la vida del electrodoméstico: nació en el DF, se fue a Saltillo, después a Torreón y viceversa. Haciendo alusión a nuestra abuela paterna, doña Feliciana Sifuentes Urquizo, le dije: “ya las cosas no duran nada” y nos reímos. Fue muy buena mientras duró.

El que no tuvo larga vida fue el horno de microondas, una de las alegrías de mi cocina. Después de un par de años de servicio dejó de obedecer a los números frontales. Estaba sin estar. Le pedí que no viera la luz al final del túnel, pero no me escuchó. Nos dejó como antaño, obligándonos a calentar la comida en sartenes. La sustitución del micro fue demasiado rápida, sin tiempo de despedidas. Ahora un mal augurio me persigue: la muerte lenta de mi celular. Me ha acompañado más de un año, en las buenas y en las malas. Me mantiene en contacto con quienes necesito, y me he beneficiado con sus múltiples accesorios, entre ellos la cámara. En la actualidad, el diseño de los móviles entre muchos otros aparatos, es para tiempos cortos, para obligarnos a sustituirlos pronto.

Lo preocupante es que no estamos preparados para deshacernos de éstos en depósitos adecuados que no dañen el ecosistema. Alarma que no sepamos dónde hay cementerios tecnológicos y tiremos a la basura los electrodomésticos, dañando profundamente nuestra tierra. Piensa cuánto te duraron los accesorios de cocina que compraste hace más de una década y cuánto duran los de hoy. Hoy es imposible concebir la compañía de un licuadora como la mía, con 23 años y ni un sí, ni un no.

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