DE RAÍCES Y HORIZONTES

Urgencia

Hace días platicaba con una amiga sobre el papel que tenían los valores hace ya varias décadas, cuando éramos niñas. Tocamos varias aristas, pero por motivos de espacio, me referiré solo al rubro educativo. Ambas estudiamos en escuelas primarias y secundarias públicas, ella en Torreón y su servidora, en Matamoros, Coahuila. Las dos percibimos la escuela como institución de movilidad social. Odio decir en mis tiempos, porque me siento arcaica, pero el tiempo no ha aprendido a mentir. Así que, en mis tiempos, en la escuela la disciplina era un área de enseñanza y espacio de represión para aquellos estudiantes que osaran a no seguir las reglas o romper el orden.El profesor era en realidad una autoridad, los alumnos le obedecíamos a pie juntillas, sin aspavientos, su palabra era ley. No podíamos respingar, y el solo hecho de decir que les darían la queja a nuestros padres, nos espantaba. Hoy, los estudiantes se han posicionado de la escuela, llevan su moda y su música y con gran facilidad hacen amigos o enemigos. Me comentó mi hermana Lourdes, quien trabajó muchos años en una secundaria federal en esta ciudad, que cuando sus alumnas se pasaban de la raya, y les decía que citaría a sus padres, con gran indiferencia le contestaban que lo hiciera, que no irían. Incluso, dice que algunos la amenazaban diciéndole que “su papá era malo”, que no buscara problemas.El concepto sobre la educación que tenemos los de mi generación, el que estuvo en el corazón de nuestra cultura, está en franca descomposición. Tenemos una institución débil, se necesita realizar operaciones mochila para que los alumnos no lleven armas blancas. Con tristeza reconocemos numerosos ejemplos en el estado con desenlaces fatales de niños agrediendo y asesinando niños. Es tiempo de restaurar la autoridad, es labor de nosotros como padres ponerles más atención a nuestros hijos. Muchas veces estamos preocupados por asegurarles el futuro, e ignoramos el presente. Mi amiga y yo coincidimos en la urgencia de rescatar los valores trascendentales, empezando en nuestra propia familia.  


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