DE RAÍCES Y HORIZONTES

Síndrome de Stendhal

He tenido la fortuna de conocer otras latitudes y culturas, como digo en broma “un poco más allá de Viesca”. Hace tres meses estuve en Moscú y San Petersburgo y viví el Síndrome de Stendhal, también llamado estrés del viajero o Síndrome de Florencia. Se trata de una enfermedad psicosomática al exponerte a obras de arte extraordinariamente bellas.

Sentí los latidos muy fuertes y enormes ganas de llorar, no podía estar de pie frente a la majestuosidad del Monasterio de La Trinidad y San Sergio, iglesia ruso ortodoxa a 70 kilómetros de Moscú. Me fue difícil concebir cómo era posible crear tanta belleza. La primera vez tuve el síndrome  en el Palacio de verano en China, y muchos años después en La Alhambra, en Granada, España.

Vivir unos minutos en este Monasterio es imaginar cómo llevaban los días los monjes entre los siglos XV al XVIII. Verlos caminar actualmente entre los turistas es pensar cómo son sus ritos, sus sueños, sus comidas y si tienen permiso para sonreír. Se aprecian impecables, rubios, ojos claros, barbados, en sus largas túnicas negras pasan sin mirar a nadie. Me preguntaba si sabrán a pie juntillas cada milímetro de las hermosas paredes y techos pintados. La fe de los rusos es fanatismo. En días especiales deben durar hasta ocho horas escuchando una celebración, nada les puede impedir hacerlo. Entre humo, incienso y velas, desde temprana hora van a rendir su culto en diferentes iglesias y monasterios de su país.

Hombres y mujeres rusos caminan por las calles de prisa, vestidos con elegancia, como para ir a una fiesta. Nacieron entre la belleza natural, arquitectónica, histórica y física, pero también entre libros, arte ycultos religiosos. Desconozco si alguna vez hayan sentido el Síndrome de Stendhal o si tengan sensibilidad para apreciar la paz que pueda regalarle nuestros paisajes coahuilenses, esa paz que no se puede sentir en su país, porque la belleza extrema te satura y puede provocarte vértigo o hasta alucinaciones.

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