DE RAÍCES Y HORIZONTES

Recuento

De nuevo se difumina un año más, entre prisas y sueños. Quizá creo un poco más en mí, mientras tecleo esta columna. Es de noche en el gélido Saltillo. He apagado la música para concentrarme más en las ideas y enfilar las palabras. A pesar de vivir en el centro de la capital, no se escuchan ruidos de la calle, ni ladran mis perros. Solo se escucha la flama del calentador de gas, y los teclados de mi computadora y la de mi esposo, preparando cada cual sus textos. A mi espalda, el reloj murmulla su existencia y el ronroreo del refrigerador ha aparecido. Los celulares anuncian con sonidos mensajes y llamadas. 

Pienso en lo vertiginoso del 2016, en todos los aprendizajes que me dejó. Un año con grandes satisfacciones personales y familiares; con nuevas amistades; con festejos y solidaridad. Pero también, con pérdidas valiosas de seres queridos; con adversidades y sueños rotos, que me mostraron de nuevo mi vulnerabilidad y que el horizonte cambia en pocos minutos.

Cumplí cincuenta en septiembre, edad suficiente para saber que la eternidad no está a la vuelta de la esquina, que la gastritis, la migraña o el colesterol acechan, pero también otros males pueden aguardar en silencio. Digo mi edad sin temor, porque cada año ha sido pleno, porque las líneas de mi rostro son acumulaciones de sonrisas con mi familia y amigos. Porque la mitad de mi vida ha sido al lado de mi esposo, y juntos desde hace dieciocho años hemos formado a nuestra hija Jimena. 

Supe que la actitud es fundamental para enfrentar cualquier circunstancia; que mis abuelas tenían sabiduría de pueblo; que no es tarde nunca para incursionar en nuevos aprendizajes; que mi familia es preponderante ante cualquier trabajo; que es posible trabajar con interrupciones constantes; que el amor en la familia no se escatima y que hay que darse tiempo para convivir con la familia y amigos. 

Lecturas, comidas, fiestas, sonrisas, relatos, charlas, presentaciones, y reuniones se enfilaron estos doce meses; tuve también hombros solidarios para diseminar lágrimas y oídos y ojos atentos para los malos días. Gracias 2016. 


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