DE RAÍCES Y HORIZONTES

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Iba para el trabajo cuando llamó mi hijo para darme la noticia. Empecé a llorar y no paré hasta que regresé a mi casa. Fueron 14 años de convivir con Mati. Sentí una profunda tristeza de verla sin vida, sobre una caja de cartón. Le pedí a mi hijo que no tirara a nuestra perrita, que se hiciera cargo de ayudarla a tener un digno final.— Me dijo una amiga todavía acongojada. Gracias a ella me enteré de la industria que significa la pérdida de una mascota y todo lo que ello implica.


Se trata de establecimientos, algunas veces como parte de clínicas veterinarias, pero no necesariamente lo es en todos los casos. La que me contó mi amiga ofrece una completa gama de servicios funerarios. De inicio la cremación es la más recurrida. Cada uno de estosapoyos puede variar de acuerdo al dolor y a la cartera de los propietarios en cuestión. El más sencillo consiste en lo siguiente: van al domicilio por tu mascota, la llevan a cremar y al día siguientela regresanen una urna de madera. Como un gesto generoso del negocio, ponen una esquela en el periódico local, esto aplica en cualquier elección de tu paquete.


La segunda opción con un par de billetes de por medio, ofrece además de lo anterior un portarretrato del can con la fotografía en su mejor ángulo.  A la alternativa más completa se le suma que las personas cercanas pueden acudir a velar el cuerpo de su mascota, con las cenizas presentes. Cada dueño decide qué hacer con los restos de su perro. Cuando hablé para pedir información, me explicaron que la cremación es lo más conveniente, porque con el calor el organismo tiende a descomponerse más rápido y no se puede darle el mismo tratamiento como a los humanos, para que dure el mayor tiempo posible.


Lo cierto es que mi amiga y su familia se sintieron muy tranquilos por haber cremado a la perrita que los acompañó durante muchos años y gran parte de la vida de sus hijos. Conservan sus cenizas en casa. Le regalaron muchas lágrimas a Mati a cambio de la alegría que les proporcionó en vida. Si viera esto mi abuela, seguro diría: ¡Qué más nos faltará por ver!


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