DE RAÍCES Y HORIZONTES

Pásele marchanta

Muchas veces me siento el conejo del cuento Alicia en el país de las maravillas de Lewis Caroll. Me la paso con el reloj a cuestas, acechante, implacable. Tengo la costumbre de organizar prioridades, con una lista diaria de deberes, llamadas, correspondencia electrónica, actividades laborales, profesionales, personales y familiares. Madrugo, me ejercito, escribo, cocino, acudo a citas y muchas veces siento que no hice lo suficiente en el día. Se me escurren las horas como pez entre las manos.
En retrospectiva puedo pensar que fue a partir de la preparatoria que me empezó a importar el reloj. Ya en profesional retomó mayor importancia el tema, en especial con los traslados ya que estudiaba en Gómez Palacio, Durango y vivía en Matamoros, Coahuila. Cruzaba de lunes a sábado Matamoros, Torreón y Gómez. Así se fueron cuatro años, con algunos aventones o prestamos del auto familiar.
Recientemente tuve esa misma sensación de un tiempo veloz al entrar a un centro comercial. Vi muchos adornos navideños de todas dimensiones y colores. Busqué de inmediato la fecha en mi celular. Aún era septiembre. No habíamos celebrado nuestra Independencia. En un costado estaba lo alusivo a esta fecha, en otro extremo, exhibían gran variedad de disfraces para Halloween y una sección casi desapercibida del Día de Muertos.
Era como una opción múltiple de qué fecha celebrar cada cliente. La mayoría de la gente que en ese momento entraba a la tienda no resistió acercarse a ver las primicias navideñas y sus precios. Los árboles de Navidad blancos, verdes, con luces integradas, con nieve, sin nieve, todos decorados de manera delicada y atractiva. Como le llaman en la moda, la tendencia de esta temporada promueve en el caso de los adornos para la casa, determinados colores, formas y tamaños.
La necesidad de las tiendas departamentales de generarnos consumismo es asombrosa. Es una manera también de querer obligarnos a vivir más aprisa. De forzarnos a brincarnos fechas importantes de nuestra historia y centrarnos solo en una. En lo personal, me sentí como en un mercado donde me dicen “pásele marchanta, ¿qué le damos, Independencia, Halloween, Día de Muertos, o Navidad?



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