DE RAÍCES Y HORIZONTES

Modalidad

Esta semana me platicaron unos amigos de Saltillo una anécdota muy extraña. Los visitó una comadre que radica en Puebla y la llevaron a la central camionera de nuestra capital. Fue el domingo por la mañana y según me contaron, había poca afluencia en la central. Caminaron del estacionamiento hacia los andenes de los pasajeros. Se estaban despidiendo cuando un joven muy atento y bien vestido se acercó con mi amigo para decirle que tenía una mancha muy desagradable en la espalda y en las posaderas. Voltearon las mujeres enseguida a ver, preguntándose cómo pudo haberse llenada de esa forma. El joven le ofreció una servilleta y le sugirió que pasara a asearse al baño. Mientras le retiraban aquella extraña mezcla, el mismo joven insistía en que fuese al sanitario, para que lavara el pantalón y lo oreara en el secador de manos. Mis amigos estaban muy enojados y prefirieron regresar a su casa, ya que su comadre se había ido. En el transcurso de regreso a su auto, vieron solo un par de gotas derramadas justo donde estaban parados. Ningún otro rastro sospechoso. Vieron al mismo joven hablando por su teléfono celular. Casi al mismo tiempo cayeron en la cuenta que fue él quien lo manchó. Por eso la insistencia en que fuera al baño, porque ahí lo esperaba su cómplice para robarle a mi amigo mientras se limpiaba y se quitaba el pantalón. No cabe duda que las nuevas formas de atraco están cada vez más innovadoras y persuasivas. La que comparto está pensada para robar a quienes viajan, para que no hagan denuncia inmediata, para que suban al camión y se enteren que ya no traen su cartera hasta que van en camino, o bien hasta llegar a su destino. Las víctimas se quedan sin identificación, efectivo ni tarjetas bancarias. Si esto es complicado en la propia ciudad donde vivimos en otra resulta mucho más difícil. Situaciones como la anterior son planeadas por estos delincuentes que hacen su día a costa de gente de bien. Quién sabe qué otras modalidades habrá para ser parte de las estadísticas de incautos en Coahuila. Cómo decía mi abuela: “Y lo que nos falta por ver”. 


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