DE RAÍCES Y HORIZONTES

De México

Dos de mis amigos tuvieron la oportunidad de viajar a Europa en este mes. Me hicieron favor de enviar hermosas fotografías de algunos lugares que visitaron en Roma y en Austria. Aprecié desde mi celular esos bellos lugares. Espacios llenos de historia y cultura, ya que son países fundados hace más de dos y mil años, respectivamente.

Dichos elementos, es decir, la historia y la cultura es lo que nos da identidad y fuerza como pueblos. Nosotros tenemos lo nuestro. 

En mi reciente viaje al estado de Puebla, conocí la llamada en su tiempo “La octava maravilla del mundo” o “La casa de oro.” Tan pronto leí de su existencia, me llamó la atención y en poco tiempo estaba admirando la capilla recubierta con láminas de oro de veinticuatro quilates.

Es un ejemplo de la suntuosidad y adoración católica. La Capilla del Rosario se erigió para veneración de esta virgen. Es una obra arquitectónica majestuosa del siglo XVII. Se considera lo más destacado ejemplo del barroco novohispano y una de las mayores realizaciones artístico-religiosas de México. Se trata de la  primera capilla en México dedicada a la Virgen del Rosario.

El dominico fray Juan de la Cuenca inició su construcción en 1650 y terminó cuarenta años después, con una duración de ocho días.  Fue concebida para rendir culto a la Virgen del Rosario y enseñar a los fieles su rezo. 

Mientras admiro su exacerbada belleza, pienso que cuarenta años son pocos para labrar milímetro a milímetro tal delicadeza. En el altar se erige el trono de la Virgen, con un baldaquino labrado por el maestro español Lucas Pinto.

Seis grandes lienzos del pintor José Rodríguez Carnero adornan la parte superior de los muros con temas alusivos a los Gozos de la Virgen. En la parte baja hay un bello lambrín de azulejos de la talavera característica del lugar. Sentí gran orgullo al saber de esa belleza mexicana.

Pasé mucho tiempo admirando la Virgen y lo que le rodeaba. Me remití a la adoración por ella, a todas las manos que participaron, a los planos, a los artistas, arquitectos y a los religiosos que pasaron cuatro décadas para ver ese sueño cumplido. Qué tiempos, y qué obras tan ambiciosas, impensables para nuestros días y nuestras arcas. 


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