DE RAÍCES Y HORIZONTES

Homenaje

Después de mucho tiempo, decidí estudiar una maestría. Pasé muchas horas buscando cuál sería la mejor, hasta que encontré la ideal, parecía haberse hecho para mí. Me encantaron las materias y me vislumbré con los maestros, todos tienen doctorado y reconocimientos con premios y/o trayectoria dentro y fuera de México.

Maestría en Literatura y Creación Literaria, decía la página de mi nueva alma mater, Casa Lamm. Consta de dos años y modalidad en línea.

Esa fue la que cursé. Me resultó extraño volver a sentirme estudiante, después de tantos años de haberlo sido. Estar atenta a horarios, lecciones, tareas y lecturas que parecían infinitas, además de ver y analizar películas y otros materiales. Así me pasé los últimos dos años de mi vida, literalmente, con la nariz pegada a los libros.

Debo confesar que siento que estudié en ese tiempo más que en toda mi carrera. Los conceptos-aprendizajes-conocimientos se hacinaban en mi pobres neuronas, que muchas veces, temblaron ante la grandeza de mis maestros y me hicieron ver en numerosas ocasiones lo infinitamente diminuta que soy. En retrospectiva, no sé cómo me organicé para terminar ese par de años de manera continua. En honor a la verdad, me pareció muy pesado.

Cada una de las materias era demandante, lo mismo que los maestros. Fueron muchas ocasiones en que debí leer por lo menos un libro por semana de cada asignatura, es decir, que leía hasta un libro diario, además de estudiar otros materiales. Los primeros meses, le robaba horas al sueño, y después dejé a su mínima expresión los desayunos y cafés con amigos, para compensar con la convivencia familiar. 

Fueron más las satisfacciones que el esfuerzo; lo aprendido y aprehendido por encima de creer que sabía un poco del tema; así como haber conocido a personas con grandes saberes y poca altivez. El pasado jueves 23 de junio fui a mi graduación a Casa Lamm de la CdMx.

Me acompañaron mi esposo, mi hija, dos amigas y una sobrina. Fui la única norteña graduada, la única que llevó el máximo de invitados, y la única que terminó la tesis. Fue emocionante escuchar mi nombre en ese bellísimo lugar, como un homenaje a los nuevos intangibles. 


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