DE RAÍCES Y HORIZONTES

Cactus nevado

La naturaleza de los laguneros por ser del semidesierto es entre muchas otras cosas, a aprender a vivir en temperaturas muy calientes. Cuando radicaba en el Distrito Federal me reía porque los defeños “se morían de calor” con 28 grados centígrados, eso para mí era templado. En verano de hace más de una década leí con gran sorpresa la noticia que en varios países europeos principalmente en París y en España varios ciudadanos murieron de golpe de calor,  al no soportar 45°C. Para nosotros comarcanos, es asombroso la incapacidad de tolerar el calor, porque con él nacimos y lo hemos capoteado año con año, en las buenas y en las malas.

También me causó gran extrañeza saber que en el algunos países europeos y asiáticos la ausencia de sol les provocan depresiones, y falta de vitamina D. Incluso, acuden a clínicas en las cuales ofrecen cabinas que emulan los rayos de sol, aunque ya están regulados por apariciones de cáncer en la piel. Ellos tienen que pagar y nosotros  tenemos el sol gratis casi todo el año, aunque dicho sea de paso, no le saquemos el provecho necesario.

Sin embargo a la inversa, la mayoría de los laguneros le huimos al clima frío con todo lo que ello implica. Nos sentimos fuera de nuestro elemento. Esto me ocurrió el pasado martes en nuestra capital. Empezó a bajar la temperatura por la tarde y cuando salí de hacer unas compras a las ocho de la noche ya marcaba a cinco grados centígrados. A las diez de la noche estaba a cero grados y durante la noche llegó hasta menos cuatro. El miércoles en la mañana observé las palmas y pinos con hilos de nieve, los ramos del pino y las hojas de las palmas congelados, todo un espectáculo acompañado de la neblina, poco visto en La Laguna.

El tiempo que estuve a la intemperie el frío se metió con rapidez entre mis huesos, burlando las capas y capas de mi ropa empalmada. Ver el hielo y la neblina me provocaba más frío. Repetí un viejo mantra que decía un amigo: “No hay frío, solo ausencia de calor”. Seguí con el mantra una y otra vez hasta que lo olvidé, mientras me sentía cactus nevado.

biznagaas@hotmail.com