Plegarias e ironías

De un tiempo para acá, la política laboral de Nuevo León suena más a plegaria que a un plan con metas y plazos que solucionen no sólo el problema de desempleo, sino el futuro de miles de jóvenes que se gradúan de las universidades y escuelas técnicas.

Desde hace sexenios, el discurso laboral de Nuevo León se ha centrado en un tema: la Inversión Extranjera Directa, la famosa IED, una lanza que ahora tiene dos puntas, Kia y los “grandes capitales” que habrán de llegar para detonar “las virtudes” de la reforma energética que los gobiernos cacarean hasta el cansancio, aunque aún esté por verse si esa gallina de los huevos de oro da lo que prometen.

Por tomar un caso, en 2013 Honda en Celaya anunció la creación de un paquete de mil 200 empleos. ¿Qué buscaba? No es difícil intuirlo: jóvenes de entre 18 y 29 años para soldadura, ensamble, pintura, fundición y maquinado, calidad y prensa.

Pensemos ahora en las protestas del Instituto Politécnico Nacional, en el Distrito Federal: los muchachos se niegan a dejar de ser licenciados o ingenieros y pasar al club de los “técnicos en…”, es decir, a entrar en ese juego para el cual los mismos discursos laborales nos han ido preparando desde hace varios lustros.

El fondo es que ya no sólo les pedimos a nuestros jóvenes que tomen a los 18 años la decisión que marcará el resto de sus vidas, sino que además les pedimos que lo hagan con el criterio de un especulador en la Bolsa de Valores o un apostador en Las Vegas: a cerrar los ojos con la esperanza de que el mercado les sonría, que Dios quiera o ya de plano que se les acomoden los planetas.

Ninguna escuela que se respete habla de vocación o de realización personal. No: ahora crean institutos que parecieran adaptar la frase “lo importante es que tenemos salud” al lenguaje académico.

Es curioso. Cuando México hablaba de vocación y realización a los estudiantes, miraba de reojo a otro país que pedía a sus jóvenes dedicarse no a lo que su interior les pedía, sino a lo que la nación necesitara, lo cual nos sonaba al colmo de la tiranía. Ese país se llama Cuba.

Si nuestra política laboral es una plegaria, parece que Dios tiene un muy negro sentido del humor. Esas ironías.

antonioarguello@hotmail.com