Elecciones perdidas

Cuando Marcela Guerra e Ivonne Álvarez integraron en 2012 la fórmula del PRI para el Senado por Nuevo León, la ex alcaldesa de Guadalupe y hoy virtual candidata priista a la gubernatura se las vio muy negras en el conteo de votos, y estuvo a un pelo de quedarse fuera de la Cámara Alta.

La guadalupense logró llegar a la curul por un margen mucho, pero mucho más pequeño de ventaja al que esperaban, y ganaron apenas por una nariz sobre la fórmula panista, que integraban Raúl Gracia y Alejandra Sada.

Lo interesante es que durante el conteo de votos en algunas de las secciones más apretadas, los abogados priistas se dieron cuenta de un fenómeno que no veían venir: la gente no sabía votar.

La cosa es que con las reformas al rosario de reglas electorales, en aquel proceso las coaliciones ya no aparecieron con un logotipo común en la boleta, sino con los partidos separados.

Esto casi les cuesta la elección a Ivonne y Marcela, pues por desconocimiento mucha gente anuló cualquier cantidad de votos, en buena parte debido a que las candidatas a senadoras iban postuladas por el PRI mientras que Enrique Peña Nieto por la alianza PRI-Partido Verde.

Entonces, ahí tenían cientos de boletas tachadas para el Verde o anuladas porque se tachaba más de un partido.

La anécdota viene a cuento porque, si bien hemos visto todo tipo de pasiones desbordadas en redes sociales por la postulación de Ivonne Álvarez y Margarita Arellanes, al mismo tiempo han brillado por su ausencia la Comisión Estatal Electoral y el Instituto Nacional Electoral en lo que se refiere a promoción del voto y ni quién diga ni pío.

Y no es que los vocales y consejeros de uno y otro organismo estén para hacerse promoción, pero estando a menos de seis meses de la jornada electoral uno esperaría una campaña fuerte para promover el voto, su importancia y cómo ejercerlo en los escenarios que se vienen.

Al menos en teoría, además de la organización de las elecciones y la fiscalización de recursos, una de las labores clave del INE y la CEE es precisamente promover una cultura democrática, donde el conocimiento de los derechos y las obligaciones es clave para formar ciudadanos participativos.

Pero vamos, sinceramente, luego de lo sucedido durante los últimos años, con las denuncias de fraudes electorales, la pérdida de confianza en las instituciones, y ahora el desfile de toda la ***Corte de los Milagros***, entre futbolistas, cantantes, locutores y hasta payasos postulados a todos tipo de cargos, ¿exactamente qué motivación tendrán los jóvenes, los nuevos votantes, para acercarse a una casilla a ejercer su voto?

Ahí es donde se supone deben entrar los dos organismos tanto en medios como en la calle, en universidades, en medios y donde se pueda, para reforzar una cultura cívica que se antoja muy devaluada.

¿Por qué? Pues porque el voto es el ejercicio más básico de participación que tenemos, nuestro vínculo más claro con el ejercicio del poder.

La opinión personalísima que cada ciudadano tiene sobre si su voto es o no útil y si vale la pena pararse el primer domingo de junio a tachar una serie de boletas, es el primer paso para definir el resto de su vida democrática, no sólo si ejercerá su sufragio en las elecciones, sino si participará en la vida pública, si efectuará algún tipo de resistencia o si verá pasar la vida desde su sillón. Si votar no es importante, entonces no hay nada que defender. Punto.

Si de entrada estos organismos, que se supone deben convencernos de que las elecciones son por y para nosotros, centran su atención sólo en los partidos  y no en los ciudadanos, la elección estará de antemano perdida para todos, gane quien gane.

¿O qué? ¿A nadie le interesa tener ciudadanos conscientes de sus derechos políticos? Bueno…

 

antonioarguello@hotmail.com