La pantalla del siglo

"El secreto del medallón" y la animación jalisciense

Con la palabra FIN acabó la proyección de El secreto del medallón de jade. Esperé de pie leyendo los créditos finales cuando entraron varios jóvenes para limpiar la sala. Con escoba en mano, uno no se aguantó y me preguntó por qué me interesaban los créditos. “Porque conozco a muchos de los que trabajaron en la película”, le contesté. “¿Entonces la película se hizo aquí?”, me preguntó. Cuando le dije que sí el joven volteó a la pantalla con una expresión de admiración en sus ojos. “Voy a tratar de verla completa”, me dijo antes de seguir con su trabajo.

El secreto del medallón de jade, escrito por Rubí Salles y codirigido por Rodolfo Guzmán y Leopoldo Aguilar, se dirige a los niños al narrar una historia de “búsqueda de un tesoro”. En esta ocasión el tesoro es la mitad de un medallón de jade con poderes mágicos que en tiempos prehispánicos protegía a los aztecas de los monstruos sobrenaturales que los agredían. La leyenda del medallón, narrada por el abuelo de un niño del México actual, lleva a un grupo de amigos a emprender la búsqueda del medallón perdido superando obstáculos y perseguidos por una pareja de caza recompensas.

El protagonista que asume la herencia de su abuelo es Matías, un niño inteligente y seguro de sí que convence a sus amigos Katy - una niña despierta e inteligente - y Pato - un gordito pelirrojo - para que lo acompañen. Claudio, el hermano puberto de Matías, completa el grupo aunque de mala gana, porque tiene su mente puesta en otras cosas. Los adversarios, con su marcado acento alemán, son Cornelia, una rubia tipo Barbie (voz de Adriana Barraza) y Derek (Arath de la Torre), un güero barbudo.

La película empieza con una secuencia ubicada en la época prehispánica realizada con animación 2D, que muestra una comunidad azteca agredida por seres sobrenaturales y protegida por una medallón. Una elipsis lleva a la época actual y un pueblo nayarita dónde un abuelo le narra la leyenda del medallón perdido a su nieto y amigos. El abuelo muere pero les hereda un mapa y un libro con las pistas para encontrar el medallón mágico. Las aventuras de los niños en busca del lugar sagrado Aztlán con la parte perdida del medallón, está realizada en animación 3D.

Puesto que está dirigida a un público infantil el filme construye y repite el mensaje de la necesidad de unirse para lograr un objetivo. También propone que es importante asumir y defender la herencia prehispánica – representada por el abuelo – y activar la inteligencia y resistencia en contra de la codicia de adversarios que pretenden adueñarse de la herencia y magia indígena.

El hecho de empezar el filme con una escena prehispánica y mostrar más adelante cómo el grupo de niños descubre la isla de Mexcaltitán, Nayarit, como lugar del legendario Aztlán, me pareció muy atractivo. También los personajes de los niños son interesantes: Matías y Katy convencen por su inteligencia mientras que el gordito pelirrojo es el típico personaje simplón que provoca la risa por su torpeza y gula.

El filme no esconde los homenajes a Steven Spielberg. Las referencias a ET e Indiana Jones, son constantes y los niños en la sala los recibieron con exclamaciones de júbilo, como en la escena cuando los amigos pasan “volando” en bicicleta y patineta, frente a una inmensa Luna. Sin embargo, a lo largo de la búsqueda del medallón, la persecución y confrontación con la pareja de los “malos”, las situaciones se vuelven repetitivas. Puesto que el guión desarrolla una sola línea narrativa, el espectador tiene la impresión de que la acción no avanza ni se acelera como lo suele hacer en un filme de aventura.

En la realización del filme colaboró el actor y comediante Javier Lacroix ya que se recurrió a la técnica del Motion Capture Perfomance en la que una cámara captura y un programa de computación “traduce” los movimientos corporales de un actor enfundado en un traje especial.

La realización de El secreto del medallón de jade y la distribución con 50 copias son un logro para el cine jalisciense y nayarita. El resultado muestra que vale la pena asumir el reto. No conozco a los empresarios y políticos que apoyan la transformación de Guadalajara como “ciudad digital” pero quisiera proponerles que inviertan en los profesionales de la animación que han desarrollado proyectos audiovisuales impresionantes y han llegado a una gran madurez creativa y técnica. Sus corto y largometrajes serían los mejores embajadores de nuestra región, su cultura y creatividad.