La pantalla del siglo

"La sal de la tierra": Diálogo con Salgado y Wenders

Cuando descubrimos el título La sal de la tierra (The Salt of the Earth) en el programa de la gira Ambulante algunos cinéfilos me preguntaron si se trataba de un documental acerca del impactante filme de ficción Salt of the Earth de Herbert B. Biberman -  protagonizado en 1954 por Rosaura Revueltas – acerca de una huelga en una mina de zinc en Nuevo México. Pero no, el documental de WimWenders de 2014 es un homenaje al brasileño Sebastião Salgado, cuyas fotografías de las minas de oro de Brasil, los campos petroleros de Kuwait, las masacres de Ruanda y las hambrunas y desplazamientos en África le han dado la vuelta al mundo. La sal de la tierra es un filme impactante puesto que la combinación de las imágenes de Salgado - comentadas por el mismo autor - con la sensibilidad y estética de Wim Wenders resulta una experiencia visual y audiovisual inolvidable. La integración del discurso visual de foto fija con el movimiento del cine, acompañado por el sonido tanto ambiental, verbal como musical, construyen un relato que no sólo emociona profundamente durante la proyección. Al salir de la sala de cine, el espectador se lleva la memoria de las imágenes y las palabras que le exigen una reflexión acerca del estado que guarda nuestro planeta. “La sal de la tierra” es, según se dice en el filme, la gente que habita el planeta, un planeta conmocionado por la desigualdad, la avaricia, la injusticia, la violencia y una riqueza y belleza natural que tenemos que admirar y preservar.

Al invitarnos a compartir su acercamiento al gran fotógrafo brasileño, Wim Wenders nos recuerda la etimología de la palabra “fotografía” compuesta por “luz” y “escritura”, es decir que un fotógrafo se dedica a “escribir con luz”. También nos muestra las fotos de Salgado que lo impresionaron antes de que conociera al autor brasileño. De esta manera Wenders invita al espectador a entablar un diálogo directo con las fotografías y los comentarios de Salgado. Frente a lo que Salgado nos quiere compartir, no se vale ser objetivo, hay que conocerlo, adentrarnos a su trayectoria, vida familiar y conocer, capítulo por capítulo, sus proyectos fílmicos con temas, viajes y estancias en muchas partes del mundo.

Con apoyo del camarógrafo Juliano Ribeiro Salgado, hijo de Sebastião Salgado, el filme observa cómo el fotógrafo y su esposa preparan los proyectos, cómo el hombre corre detrás y delante de sus personajes y grupos de personas para encontrar el momento y ángulo adecuados. En una secuencia ilustrativa Salgado se muestra como cazador de imágenes significativas: En la Antártida se propone retratar un grupo de morsas en peligro de extinción. El equipo de fotógrafos detecta las morsas pero un oso polarahuyenta los animales marinos y acecha al equipo de filmación durante un día y una noche. ¿No sería el oso, inmenso y blanco, un excelente tema para el fotógrafo? Salgado intenta captarlo con su lente desde el refugio pero decide que el solitario oso en medio de piedras y a orillas del mar no da para una buena fotografía.“No le encuentro la historia”,” no pasa nada, no hay drama”, decide Salgado. Por suerte el oso abandona la escena, las morsas emergen del mar y muestran un espectáculo y una coreografía inmensamente atractiva tanto para la fotografía fija como la imagen en movimiento.

El filme muestra a Salgado como testigo social, denunciador de injusticias, preservador ecológico y aventurero. Entre las poblaciones indígenas con su rituales tribales, su música sus bailes que Salgado capta con su lente y comenta frente a la cámara, están los tarahumaras y mixes de México. Son escenas que provocan murmullos y comentarios del público, que en otras partes del filme está en completo silencio. Especialmente durante los capítulos dedicados a las largas estancias de Salgado en África, dónde su cámara capta el horror del genocidio de Ruanda; en Europa, dónde retrata las fosas y pilas de muertos en regiones de la Ex Yugoslavia y en medio oriente, dónde retrata los incendios de los pozos petroleros de Kuwait. A través de las fotografías, comentarios, reflexiones, el rostro y los ojos tristes de Salgado, el espectador comparte y se estremece del horror de las guerras y las injusticias pero también de la belleza del planeta, la naturaleza y sus seres vivos. 

El manejo de la imagen y la música en el filme, nos recuerda que en películas como Hasta el fin del mundo (1991) y Lisboa Story (1994) Wenders formuló su preocupación por la “enfermedad de las imágenes” gastadas por la sobre explotación. En el brasileño Salgado Wenders encontró un defensor de la imagen como testigo de historias, belleza, horror humano y herramienta para la preservación natural. La sal de la tierra muestra el diálogo entre dos pensadores, creadores y discursos que comparten su visión y preocupación con el espectador. 


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